Aguas termales

Hace un año que no me baño.

Soy un huno.

Dentro de unas horas estaré muerto.

Seré otro. Seré un dos.

Ya está, ya pasó, no sé si soy un uno, un dos o un tres.

Estoy en el cielo.

Esta carta, amada mia, es un mapa.

Si la lees con atención, podrás encontrarme en cualquier momento.

Estaré recostado sobre una a, o me descubrirás de repente cuando veas una i sin su punto.

Seré yo jugando al golf.

Si no consigues encontrarme, presta atención a los espacios vacíos. Allí mi brillo será más intenso.

Estaré dentro, fuera o debajo de las letras.

Seré como el sol que brilla a medianoche, como esa estrella que ves cuando tus ojos están cerrados y tu corazón late como el de un tiburón recién nacido.

Claro, tu podrás decirme que preferirías tener a alguien que sea capaz de enjabonarte la espalda.

Y yo no podré responder más que con metáforas o plancton.

Me parece que la única forma posible de seguir adelante será encarnar de nuevo.

Por mi personalidad, no voy a poder ser un empleado bancario. Ni siquiera un albañil. Tendré que dedicarme a la política y ser el presidente de una gran nación.

Eso, en este momento, me parece aburridísimo. Estoy en una nube, tomando un cóctel con un ángel.

Te extraño mucho.

Los ángeles son muy simpáticos pero no tienen ningún interés en el contacto sexual. No saben ni lo que es. Se reproducen cuando quieren, solos, casi sin darse cuenta. Pueden saber un millón de chistes, y contarlos mejor que nadie, pero no saben nada del amor físico.

Ahora que lo pienso, también podría modernizarme un poco y ser un empresario, o un deportista famoso.

Tal vez un músico.

Imagino que esa idea te causará gracia. Seguramente recordarás que mis enemigos preferían morir antes que escucharme cantar.

La verdad es que no sé ni adónde estás. El universo es demasiado vasto.

Necesito un GPS espiritual.

En ese aspecto, los ángeles tampoco ayudan mucho.

Para los fines prácticos, no podemos contar con ellos.

Me acuerdo de cuando viajamos de incógnito y nos bañamos en aquellas aguas termales en la provincia de Grosseto.

Saturnia. Qué maravilla.

Era un día de sol.

Estábamos desnudos. Representábamos la evolución del universo. Éramos el pasado, el presente y el futuro de la humanidad. Nos reíamos sin motivo, nos disfrutábamos como si no hubiera más en el mundo.

Qué lindo era todo eso...

Ahora soy transparente y estoy jugando a las cartas con un indio. Él también es invisible.

Nos entendemos usando métodos que son muy difíciles de explicar a quien tiene ojos.

La verdad es que aquí todo es muy volátil. En un momento soy un roble y en el otro un cuis.

De hacer el amor, ni hablar.

Te extraño tanto...

Esta carta es mi botella al mar. No puedo hacer más nada.

Lo único que me queda es rezar para que la encuentres a tiempo.

La eternidad no es para mi. Vos sabés que a mí lo que me gusta es gruñir, beber vino y morderte el cuello.

Bueno, amor, por hoy es esto. Te tengo que dejar.

Me espera un antílope para conversar sobre la historia de Lituania.






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