La carnicería del Mago

Durante el baile anual del Club de las Personas que se Engañan a Si Mismas, se organizó un concurso extraordinario.

Se desafió a los participantes a generar una idea de negocios en menos de tres minutos.

Después de que un falso realizara el escrutinio, se dio por ganadora a la propuesta de Edelmiro Molinari, una mujer que adoptó ese nombre por varias razones, siendo una de las menos importantes su admiración por el ex guitarrista de Almendra.

Luego de los aplausos, gritos y felicitaciones de rigor, se pasó a la lectura del proyecto de esa joven entrepreneur asiática.

Su plan consistía en montar una cadena de carnicerías de conejo.

Lo que haría único y particularmente rentable a su negocio era que la producción de los animales estaría a cargo de magos contratados por hora.

—Es más fácil alimentar a un mago que a un montón de conejos. Además, ellos se van a dormir a su casa y se bañan solos. No hay que cuidarlos tanto —dijo Edelmiro.

—La atención al público estaría a cargo de jóvenes y bellas secretarias a las que se contrataría en carácter de voluntarias, prometiéndoles que al ser empleadas en estas populares tiendas podrían ingresar rápidamente al mundo de la televisión —agregó la ganadora, dando más detalles de su proyecto.

—Como nombre, pensé que Carnicerías del Mago. No sé qué les parece... —concluyó, con esa sonrisa amplia y sincera que caracteriza a los ganadores.

Mientras todos aplaudían y registraban el momento con sus celulares, para publicarlo en sus perfiles falsos de Facebook, un niño se subió a una mesa y empezó a agitar los brazos dando a entender que quería hablar.

Los presentes, sin saber lo que iba a decir, lo escucharon con atención.

—Señoras y Señores, el proyecto es admirable y merece todo mi respeto. Edelmiro, usted sabe cuánto la quiero, sabe que me encanta jugar con usted cuando viene a mi casa, pero hay algo que me parece que aquí nadie toma en cuenta: el sufrimiento animal. Yo, por ejemplo, soy vegano. En mi familia somos todos veganos. No vamos a apoyar un proyecto de esta naturaleza, un proyecto que incluye el asesinato de seres indefensos. Señoras y Señores, la muerte de inocentes y la ingesta de cadáveres no está en la agenda de mi tribu. Propongo que el jurado emita un nuevo veredicto... —dijo el pequeño, y un gran silencio reinó en la sala.

En ese difícil momento, Sharon, la encargada de ceremonial y protocolo, tomó la palabra.

—Bueno, queridas y queridos. Creo que ya se está haciendo tarde. Lo hemos pasado muy bien y no vamos a empañar esta velada maravillosa por un concurso que quiso ser más un juego que un motivo de discordia. Vamos a dar un fuerte aplauso a Edelmiro y a Juancito, que fue muy valiente, y vamos a ir cerrando esta noche de fiesta con el Baile del Pimpollo. A ver, vamos todos... todos a bailar el baile del pimpollo... la mano en la cabeza es el pimpollo...


                  





  


Entradas populares