Contigo en la distancia

El piar de los pájaros me recuerda apenas al piar de los pájaros. Es el mismo en todas partes. Siempre nuevo, siempre igual. 

El sol sale, el sol se pone. Un día explota todo y se acabó lo que se daba. Hasta entonces, alguien amó sin medida, otro escribió una sinfonía, fue verdulero o médico sin fronteras. Algunos se rieron y otros no. Muchos se vieron muy poco afectados por la existencia, pasaron por este mundo como si hubieran pasado por otro o no hubieran pasado por ninguno.

Yo estoy acá, en el medio de todo, absolutamente solo, acompañado apenas por este universo infinito que parece aceptarme con el mismo entusiasmo con que uno acepta un átomo desconocido de una uña del pié.

Hace tiempo que dejé de soñar con la posibilidad de ganar la Lotería o de bañarme con dos modelos húngaras de ropa interior. No sueño con nada. Voy por el día sin rumbo, asombrado por lo efímeros que son los helados y agradecido por la posibilidad de respirar un día más en este mundo fantástico.

Te escribo esta carta con la esperanza de que nos ayude a encontrarnos y a reconocernos. 

Una vez establecida esa base, me gustaría que también nos ayude a relacionarnos de manera armónica, que nos permita encontrar ese equilibrio en donde el amor es fuerte pero no llega a convertirse en un murciélago con ansias de poder.


Como verás, mis exigencias son pocas. 

Verás que este manual de poesía reversible, esta declaración de principios libertarios, no superará las normas Twitter de higiene literaria. No hay necesidad. 

A buen entendedor, pocas palabras.

Podemos jugar, claro, y decir que el torniquete del ocaso se transformó de repente en un cielo estrellado, pero creo que eso se lee muy bien entre líneas. Aquí hay permiso para expresar todo lo que sea verdadero.

Sé que hasta la luz de una vela apagada será suficiente para estremecer tu corazón sensible. 

La intuición que une lo que debe ser unido no necesita de códigos de barra o de largos párrafos explicativos. 

Se manifiesta como un rayo.



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