La estructura invisible de la realidad

  «En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios».
Juan 1:1


Algunos hindúes aseguran que todo lo que existe es una emanación del sonido Om. 

Otros, que tienen que trabajar todo el día para pagar sus cuentas, sienten un gran deseo de mandar a esos hindúes a la #!&%#@, pero se reprimen porque se dan cuenta de que van a tener que seguir trabajando mientras que los otros de alguna manera se las van a ingeniar para sobrevivir organizando seminarios y eventos por el estilo.

A mí, en lo que a expresiones vocales se refiere, lo que más me gusta son los gemidos, y algunas interjecciones o frases breves del tipo "sí, mi amor, así, no pares, sí, así, voy a acabar, así, así".

Bien por debajo de los gemidos y las frases breves, valoro a la palabra por su capacidad de comunicar necesidades. 

A la hora de pedir un plato de ravioles, llamar a un plomero, o conversar con un agente de viajes, reconozco que es útil.

Por otro lado, la odio y le temo. 

Su poder de transformar la realidad es mínimo. 

Por más que uno escriba los versos más inspirados de la galaxia, no despertará el amor en un corazón que ya no lo amaba de antes. 

Es posible que la persona cuyo amor deseamos nos admire, y hasta que compre nuestros libros, pero se irá a la cama con alguien que eligió vaya uno a saber por qué.

La palabra es una herramienta, es como un martillo de la mente. 

Cuando es preciso clavar un clavo, es imbatible, pero cuando se trata de encontrarle sentido a la existencia, no ayuda en nada.

Palabras de amor, de angustia, de esperanza. 

Palabras técnicas, contratos, poemas.

Palabras.

No podemos rascarnos la espalda con palabras (a menos que hayan sido talladas en madera, o moldeadas en alguna sustancia que lo permita).

Los animales, que no cuentan con ese recurso, parecen divertirse más que nosotros. 

Son más estables. 

Siempre y cuando no se los coma un semejanteo los encarcele alguien que tiene el don de la palabra y comprendió que encarcelarlos puede ser beneficioso para alcanzar sus objetivos, se los ve más auténticos, más naturales. 

Algunos escritores tenemos la secreta esperanza de que una palabra, en el lugar adecuado, en el momento preciso, va a cambiarlo todo.

Nos cuesta aceptar la idea de que todo está cambiando todo el tiempo sin necesidad de que nosotros escribamos nada.


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