Misa con casco

La palabra arzobispo siempre me pareció lo suficientemente atractiva como para justificar la existencia de cualquier escrito que la contenga.

Hoy, al poder acompañarla de las también hermosas casco y misa, creo que no necesito de más permiso para atreverme a ocupar algunos bits en el universo virtual.

La foto que ilustra estos párrafos fué tomada ayer durante la primera misa celebrada después del incendio en la Catedral de Notre Dame.

Si yo tuviera el deseo y el coraje que se necesitan para organizar un taller literario, se las presentaría a mis alumnos y alumnas con una consigna simple: "escriban".

Si no consiguieran producir buenos textos con ese estímulo, no sé con cuál lo pensarían conseguir.

La oración conocida como Padre Nuestro dice: "hágase Tú voluntad, así en la Tierra como en el Cielo".

Con todo respeto, después de haber escuchado decenas de interpretaciones de esa plegaria que se atribuye ni más ni menos que al mismísimo Jesuscristo, continúa pareciéndome una afirmación que haría que yo expulsara de mi taller sin dar explicaciones  a cualquiera que me trajera esa o una semejante para que la evaluase en mi hipotética condición de encargado de la formación de nuevos talentos en el mundo de las letras.

Esa última frase fue un poco larga, pero, si eres perspicaz, ya estás entendiendo adónde me dirijo: al arzobispo con casco.

Claro que antes de expulsar de mi taller imaginario a alguien inocente, leería su texto completo por lo menos una vez. 

Si en algún momento demostrara que captó el carácter apocalíptico de la situación presentada, lo felicitaría y lo estimularía a seguir adelante sin importarme los muchos o pocos recursos literarios de los que dispusiera en el momento.

Seamos honestos. 

Hay errores que ningún grupo de profesionales puede cometer.


Oficiar una misa con casco en una catedral que sufrió un incendio algunos meses atrás, y cuyos encargados recibieron millones de dólares para su reconstrucción en un mundo en donde la tecnología y el dinero actuando en conjunto son capaces de realizar hazañas que se parecen mucho a los milagros — es uno de ellos.

¿En qué quedamos? 

Hágase tu voluntad sí, ¿o no?

En caso de que exista un destinatario de la oración Padre Nuestro, es evidente que su voluntad ya se hizo mucho tiempo atrás, y que se continuará haciendo por los siglos de los siglos. 

No queda otra.

¿Qué podríamos hacer para evitarlo? 

Nada.

Incluso si le dijéramos "Bueno, Dios, hasta acá llegamos. A partir de ahora, haciendo uso del libre albedrío con el que con tanta generosidad nos creaste, vamos a seguir nuestro propio camino y no el Tuyo. A partir de hoy, vamos a hacer lo que se nos canta", seguiríamos haciendo Su voluntad.

No hay otra posibilidad. 

¿Qué podría hacer Dios? ¿Darnos una parte del infinito para que seamos independientes?

Seguiríamos haciendo Su voluntad.

Entonces, pregunto, ¿para qué los cascos?

¿No se dan cuenta de que el mismo poder que permitió el incendio de una catedral tan emblemática podría hacer que no caiga ni un cascote o que se les venga el techo encima y los aplaste con casco y todo?




Mise en place.

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