Bueno para nada

Entre las innumerables miserias y desgracias producidas o padecidas por la humanidad, encontramos gotas de rocío de una belleza extraordinaria.

Tal vez sean apenas el fondo sobre el cual se proyectan las atrocidades, el yin del yang de un pasado inexistente, tal vez sean el fruto de un futuro insostenible.

La verdad es que no sé si son gotas u océanos, plantas o peces.

No sé.

Soy apenas el rastro dejado por un electrón al desplazarse dentro de un átomo que se agita en la mina de un lápiz que un niño dejó caer sin darse cuenta bajo su cama y con el que posiblemente no escribirá ni un punto ni una coma en los próximos seis meses.

Lo que quiero decirte es que en esta cuarentena, y en esta humanidad, así como es, con todas sus miserias y desgracias, veo tantas maravillas que me siento impulsado como un cohete espacial en el momento del despegue y no puedo parar de dar las gracias y cantar himnos y loas a este misterio tan cotidiano en el que nos movemos y tenemos nuestro ser.

Existe una expresión de origen norteamericano que me describe desde que soy pequeño: "bueno para nada".

Estos norteamericanos... siempre tan enfocados en la producción...

Cuando aprendí a justificar mis incapacidades, traté que me llamaran "hombre del Renascimiento", como si fuera un Leonardo Da Vinci de vacaciones, o una de esas personas que son capaces de hacer muchas cosas bien.

No hubo caso.

Nunca fui muy bueno en nada. Siempre un poco de cada cosa y todo más o menos.

Especialización cero.

El asunto es que, sin buscarlo ni desearlo, fui especializándome en dos disciplinas que no se enseñan en ninguna facultad: fracaso y abandono.


Cuando me di cuenta de que había alcanzado el doctorado, mi edificio mental se derrumbó.

Mi antiguo paradigma se abrió como un loto, se pulverizó como un cohete espacial que al entrar de contramano en una estratósfera prohibida se encontrara con otro similar pero viniendo de una dirección opuesta, se diluyó en las oscuras aguas del olvido como un pez espada pacifista al que de repente le hubieran regalado un unicornio.

Tin tin, ton ton...

Vamos, vamos, no tengas miedo... permitime, por favor, un error, una metáfora... tal vez hasta alguna falta de ortografía o un descuido en la puntuación, en la ley y el orden, en el sentido sinsentido de los centinelas de la razón...

Estamos apenas volando, haciéndonos compañía... te pido que pensemos juntos en esta posibilidad de resignificar la frase "bueno para nada".

Me atrevo a afirmar que, en general, la gente la cargó de un significado negativo, y que la mayoría de los que la usan la ven como una especie de insulto despectivo.

Yo, en cambio, un poco por necesidad, y otro poco porque se ve que no tengo nada mejor que hacer, la cargué de otro significado: quien es "bueno para nada" es un especialista en el extenso terreno inexistente del vacío.

Y, al alcanzar esa comprensión, me convertí en un budista rebelde y radical, en un defensor implacable del ejercicio constante de la aceptación incondicional, o, en palabras de mi padre, en un vago.

Por suerte para mi, la gente me confunde con un maestro de meditación, y se formó a mi alrededor una Sangha de profesionales de las más diversas áreas que admiran mi desprendimiento y mi inalterable paz.

Como se ve en la ilustración que acompaña estas palabras, varias son modelos.

Una discípula que me ama asumió el rol de recolectar y administrar mi fortuna, a pesar de que nunca le dirigí la palabra.

Puso una caja con el signo $ justo enfrente de donde yo me siento para no hacer nada.

Los estudiantes llegan hasta mi santuario y, después de estudiarme como si fuera un animal de zoológico, se enjuagan las lágrimas, o se ríen, dejan unos $ y vuelven a sus vidas renovados, como si hubieran visto un fantasma o ganado la Lotería.

La verdad es que no sé qué hacer.

A veces me gustaría tener una novia, cultivar una huerta, mirar un poco más la tele.

Pero la verdad es que tengo que aceptar que para lo que soy bueno es para no hacer nada.

Así que, en este acto solemne, me resigno y acepto mi destino, mi Dharma, mi mi mi mi

Yo, tú, él (ella), nosotros, vosotros, ellos.

Bueno, nada.



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