Toma tu barbijo y sígueme

El amor es más fuerte que el virus. El teléfono, más fuerte que el amor.

Forzadas a convivir y a conocerse, muchas parejas están empezando a replantearse su relación.

Si tuvieran que elegir entre conservar su línea de teléfono o su pareja, muchas dudarían.

Otras, no. Elegirían el teléfono.

La lógica es: uno puede encontrar otra pareja, pero el teléfono se pierde para siempre.

Si alguien me pidiera un consejo —aclaro que esto es una posibilidad teórica. En el mundo real nunca pasó, yo le diría que sea feliz.

Tal vez por la simplicidad de mi respuesta, muchos la descartarían.

Debe ser por eso que nunca me piden consejos...

Las personas buscan métodos, pastillas, recetas infalibles. Quieren una práctica que les garantice la felicidad combinada de Buda, Matthieu Ricard y las hermanas Kardashian. No quieren laburar.

Y lo que es peor, no quieren aceptar el camino todavía más simple que mi propuesta les ofrece.

Si me preguntaran, y yo les respondiera, y me contestaran, dirían cosas del tipo: ¿Cómo voy a ser feliz con los problemas que tengo?¿Cómo voy a ser feliz con los problemas que hay en el mundo?¿Cómo voy a ser feliz si me falta tal cosa, servicio o persona?

En el hipotético caso de que algún día se produjera uno de estos diálogos, lo único que yo querría hacer sería insistir en la conveniencia de mi propuesta alternativa.

El secreto, por lo menos desde mi punto de vista, es dar un salto vital de consciencia, sin más justificación que la voluntad de hacerlo, y ser feliz porque sí, por desición, a pesar o en sintonía con las circunstancias, eligiendo siempre la felicidad como opción única —si se me permite es figura  y adaptándose a lo que a uno le toca vivir.

Si las cosas van bien, uno celebra. Si van mal, también. Si estamos vivos, celebramos. Si nuestra vida es un desastre y vemos que se avecina la muerte, gritamos nuestro amor y nuestra felicidad a los cuatro vientos, somos más compasivos y solidarios que nunca, y así los cagamos a todos.

Esto me recuerda a la canción popular "Pero yo los cago a todos", con la melodía de La Bamba.

Una estrofa típica sería así:

Todo el mundo tiene frío
Todo el mundo tiene frío, pero yo no
pero yo no, pero yo nooooo
Peeeeeeeero yo los cago a todos
Pero yo los cago a todos, tengo calor
tengo calor, tengo calor....

Baaaammmmba... baaammmba....


La imaginación y la creatividad de quienes se sientan estimulados por la posibilidad de investigar esta versión anal de La Bamba los llevará posiblemente a encontrar estrofas de una riqueza todavía no soñada.

O tal vez no. 

Pero, si tú perteneces a ese grupo de buscadores, no permitas que eso no sea obstáculo para tu felicidad.

Déjala crecer...



   

 

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