Editar el genoma humano

Editarlo como si fuera un documento de Word.

Acá te pongo ojos celestes, acá te hago inmune a todas las enfermedades conocidas, acá te doy más músculos, más sensibilidad para componer e interpretar música, vista de águila, dientes a prueba de caries... lo que vos quieras.

Humanos de diseño, superhumanos, superbebés.

Tradicionalmente, las personas le pedían a Dios y la Virgen que su hijo fuera saludable.

Ahora un ingeniero genético tendría muchas más posibilidades de lograr ese milagro. Y encima te lo podría hacer rubio!

Este tema, como podrás imaginar, genera todo tipo de discusiones filosóficas y morales, sociales, discusiones de todo tipo.

Lo que dicen quienes defienden la ingeniería genética es: Si puedo evitar dolor a alguien y no lo hago, si puedo darle más fuerza, más energía, más alegría,  ¿sería ético no hacerlo?

Los que tratan de detenerla insisten en que estaríamos tratando de jugar a Dios.

Una posible pregunta sería, ¿no estamos ya jugando a Dios cuando damos una vacuna o enyesamos una pierna rota?

Los seres humanos siempre trataron de mejorar su calidad de vida, usando todos los medios que tuvieran a su disposición.

El asunto es que ahora parece que la tecnología está llegando a un punto en donde se están abriendo las barreras de lo que creíamos ser posible apenas en nuestros sueños más audaces.

Antes nos preguntábamos cómo podríamos tener una provisión infinita de alimentos o cómo evitar enfermedades, ahora la pregunta es si es imprescindible tener un cuerpo de carne y hueso.

¿Estaremos muy lejos de poder alterar nuestras células de modo en que nuestro cuerpo no envejezca?

Y si pudiéramos hacer cualquier cosa ¿qué sería lo mejor que podríamos hacer?

¿Habría una sola respuesta o muchas?

¿Qué va a pasar cuando todos los hombres sean altos, lindos, trabajadores y musculosos?

¿Van a surgir los primeros gigantes?

¿Y cuando todas las mujeres sean supermodelos de una inteligencia superior a la media?

¿Vamos a ser súper felices o vamos a seguir generando problemas?

Bueno, es obvio que no tengo la respuesta a estas preguntas... te las hago para estimular nuestras neuronas... para conversar un poco...

Es que estuve leyendo a Yuval Harari y viendo un documental en Netflix llamado Human Nature.

Todo esto me tiene muy entusiasmado.

Es verdad que si la cuarentena me hubiera encontrado millonario, encerrado en una mansión con dos suecas de las que estuviera perdidamente enamorado y viceversa, tal vez no estaría pensando en estas cosas, tal vez estaría disfrutando de su compañía sin preocuparme ni un poco por los destinos de la humanidad o el universo.

Pero me encontró solo. No me queda más remedio que leer, hacer gimnasia, tomar sol y ver Netflix.

Es eso o deprimirme.

Como soy un optimista por opción, decidí aprovechar para aprender como si estuviera en prisión domiciliaria.

Por lo menos, hasta ahora, tengo la suerte de que mi gran problema es un potencial aburrimiento.

Hay gente que tiene hambre o está enferma.

Así que no me quejo.

Bueno, me quejo un poco, sí, me quejo porque no estoy con las suecas y porque hay gente que tiene hambre o está enferma, y porque no soy un súper hombre. 

Me encantaría volar como Súperman y tener una fortuna, una salud y una personalidad, que me colocaran en la lista de los hombres más deseados del planeta.

Bueno... a veces... otras veces me parece que estoy bien así como estoy...

Qué sé yo... son cosas de la cuarentena...

Mi amigo Marcelo quiere abrir un bar... lo va a llamar Bar Bijo. 

Adaptación.

Otra que ingeniería genética.



Comentarios

Entradas populares