La inmortalidad del cangrejo

En la cabeza del líder de un grupo de talabarteros de la ciudad de Paso de los Libres, surgió una mañana la idea de que el concepto de inmortalidad no es tan deseable como nos quieren hacer creer.

—Queridas y queridos compañeros... convoqué esta reunión extraordinaria de emergencia porque, aunque les parezca mentira, tuve una visión religiosa. Sí, yo, el anarcosindicalista, el ateo que fue preso por entrar a una misa desnudo con las palabras Dios no existe pintadas en el culo, el existencialista tibio que sin coraje para resolver el problema de una vez por todas deja que pasen los días como si fueran inocentes pájaros, o transeuntes desprevenidos haciendo una combinación cualquiera en un sórdido subterráneo. Sí, claro, es normal, veo en sus rostros signos de sorpresa... creen que se trata de una broma... y, de alguna manera, me animo a creer que no están equivocados... se trata de una broma... nos han engañado... en esta sala, hasta donde podemos ver, todavía no ha muerto nadie... la pregunta es ¿alguien ha vivido? ¿quién ha profundizado en la existencia hasta el punto de conocerla íntimamente? Bueno, basta de preámbulo, vamos al tema que nos convoca. Hoy me levanté, como todos los días, más aburrido que un sereno de funeraria de pueblo chico, triste y solo como un pájaro enjaulado en la oscuridad, mecánico como un juego de un parque de diversiones abandonado, saludable como un hombre en coma... bueno, ustedes me entienden... para la mierda, como siempre... cínico, descreído, enojado... El asunto es que entré a la ducha, como quien no quiere la cosa, como quien es obligado por un poder superior, sin más esperanzas que quitarme el mal olor
para poder pasar desapercibido en otro día de trabajo. Entré a la ducha y de repente, cuando fui a agarrar el jabón, lo vi. Era como un gnomo, como el Hada Campanita, Krishna y Jesucristo, todo junto y separado
al mismo tiempo... Tranquilos que no espero que lo entiendan... era algo inexplicable, como venido de otro mundo, de otra dimensión... yo no sabía si taparme con una toalla o si salir corriendo a pedir ayuda... por un momento pensé que me estaba volviendo loco... hasta que me habló... empezó de a poco... como si entendiera la situación en la que yo estaba y tuviera compasión...yo sé que parece una cosa de locos, pero creo que lo que transmitía era amor puro... el famoso incondicional del que hablan los hippies y los gurúes de la Nueva Era... yo, por respeto, cerré la ducha y me puse una toalla... parece ridículo... pero son prejuicios que uno arrastra sin querer... el ser celestial me dijo "hola"... y ahora parece poco, pero en ese momento todo se transformó... aparecimos en una nube... yo tenía una bata... una especie de robe de chambre fosforescente... todo el mundo estaba vestido como en la entrega de los Oscar, bebiendo champagne, riéndo... las chicas de Victoria´s Secret en malla... era una fiesta como yo no había
visto nunca... y todos en la nubes... colocados en un estado de felicidad sin motivo... en el momento pensé que era una droga... en eso aparecen dos suecas que parten la tierra... una me dice "antes de hablar con El Maestro, queremos que se sienta relajado, así que le vamos a pedir por favor que nos acompañe hasta el jacuzzi de la libertad total". Yo no tenía ni idea de lo que me estaban hablando, pero sabía que no tenía mucho que perder... empecé a caminar... era como flotar... estaba en las nubes... las suecas se reían... yo también... llegamos a un lugar maravilloso.. clima ideal... pajaritos cantando a lo lejos...
sol... todo... un jacuzzi que era como un oasis... las suecas me sacan la bata... me empiezan a besar... nos metemos al agua... me siento en el cielo... hacemos el amor de un modo que yo no podría haber imaginado que fuera posible... sin hablar del placer que me proporcionaba disfrutar de una erección total e interminable, yo sentía con las chicas una conexión cósmica... sí, compañera, sí compañeros, estaba enamorado.. pero, al mismo tiempo, totalmente desapegado... bueno, voy a resumir porque me imagino que ustedes tienen otras cosas que hacer... ahora estoy tan cambiado que hasta me preocupo por los demás...  

—Hable tranquilo, compañero, que no hay apuro... creo representar a todos cuando digo que esto está muy interesante...—, dijo Patricia, la Secretaria del Sindicato.

Todos movieron la cabeza para arriba y para abajo, algunos aplaudieron, y otros gritaron "bravo" y "aguante".

Continué.

—Después de ese intercambio tan lindo con las suecas, nos damos una ducha escocesa y las chicas me visten de nuevo con una bata más linda que la anterior. Me dan unos besos, una copita de champagne, y me dicen que vamos a hablar con el Maestro. Cuando llegamos a la cabaña, lo vemos sentado abajo de un álamo, mirando el horizonte. Las suecas me hacen un gesto como diciendo que me acerque, y desaparecen. Yo voy caminando y me imagino que no hace falta ni que diga buenas tardes. El hombre parece un hombre común, pero yo sé que es El Maestro. 

—Hola, querido. ¿cómo anda? —, me pregunta.
—Bien... sorprendido, pero bien... la verdad es que no me puedo quejar... acá se está muy bien... —, respondo.
—Eso es lo que dicen todos...
—Me imagino... esto es el paraíso...
—Hasta que uno se empieza a aburrir...
—No me diga que acá la gente también se aburre... —, digo yo, más sorprendido que antes.
—Y cómo... no hay nada peor que tenerlo todo... —, me retruca el Maestro.
¿Para qué me trajo?
—No sé... pensé que me iba a hacer sentir mejor... lo vi tan miserable... pero no hay caso... no sé cómo hay gente en la Tierra que quiere ser inmortal... es lo más aburrido que hay... todos los días de fiesta... suecas, vino, dados... lo que usted quiera... ¿hasta cuándo?


En ese momento, compañeras, compañeros, entendí. Las cosas están bien así como están, hay un equilibrio justo entre el Yin y el Yang. No es necesario forzar situaciones. Todo se va desarrollando como debería, de manera perfecta. Con esto no quiero decir que haya un orden divino o que de lo mismo si uno planta un árbol o tira residuos tóxicos en un río. Nuestras acciones deben ser impecables, debemos trabajar como si la vida misma dependiera de ello, pero sin apego al trabajo, a la vida o a nosotros mismos. Vivir, morir...¿qué más da? ¿Adónde está la muerte? ¿Adónde la vida sino aquí y ahora, con toda su gloria y sus miserias? No le tengan miedo al Covid 19. No le tengan miedo a nada. En la medida de lo posible, sean felices, pero si no lo son, no se preocupen, disfrútenlo. Esa es nuestra libertad. 



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