Toro invisible

Si no tomo el toro por las astas, acá no va a pasar nada.

El problema es que no sólo no me veo tomándolo por las astas, sino que ni siquiera lo veo.

Si lo viera podría por lo menos tratar, pero a mi alrededor no hay ni señales de la noble bestia.

Lo busqué en varios países.

Lo busqué debajo de la alfombra, en la cocina y en el baño.

En los sueños, la meditación y el arte.

Fiestas, cursos, terapias de vidas pasadas, etc.

Nada.

Habiéndolo intentado todo, no me queda más remedio que repetir los rituales del día y alegrarme por mis pequeñas conquistas.

Lo bueno es que al haber buscado con todas mis fuerzas logré abandonar toda esperanza.

Ahora, como decía Silvio Rodríguez, ya no te espero.

La realidad me obligó a convertirme en un maestro taoísta: Ahora, cuando como, como. Cuando camino, camino. Y cuando duermo, duermo.

Me gustaría comer con vos, caminar de la mano, y soñar que podemos empezar de nuevo.

Pero no hay caso. 

El toro no se ve por ningún lado.

Ahora que lo pienso, hay un lugar en el que no busqué. 

Claro, ¿a quién se le va a ocurrir?

Podría estar en mi imaginación...


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