Obreros de la construcción

Entre las opciones que tenemos, gracias a este cerebro maravilloso que la naturaleza nos proporcionó, está la de consumir energía que no producimos.

Nota: Este pensamiento le abrió la compuerta a toda una línea de razonamiento contrario que voy a desarrollar después de haber explorado la primera. Vamos paso a paso.

Entre los animales esa posibilidad no existe. Si quieren seguir viviendo, tienen que cumplir su rol, y, por lo general, quieren, tal vez porque no tienen la capacidad de cuestionarse el sentido de la vida, y es por eso que van de acá para allá haciendo lo que le corresponde a un representante de su especie sin darle más vueltas al asunto.

Los pajaritos están obligados a picotear todo el día y, como al mismo tiempo sienten un impulso irresistible de reproducirse, cantan, copulan, juntan ramitas, hacen un nidito, cuidan sus huevitos, pichones, etc, mientras siguen picoteando, porque si no se mueren de hambre, y así continúa su vida hasta que un día alguien los mata un imbécil con una gomera, se los come un gato o mueren de viejos.

Los perros, bueno, son un híbrido. Ahora casi se parecen al ser humano. Algunos lo superan en privilegios. Lo único que tienen que dar a cambio por casa, comida y atenciones, son una pocas muestras de alegría. En este caso, entiendo que es un trato justo, porque los seres humanos necesitamos desesperadamente ese amor tan puro que por el momento sólo los perros pueden darnos.

Los elefantes, los peces, las ratas, y todos los demás, ni hablar. Son como los pajaritos. Tienen que hacer lo suyo. Algunos lo tienen más fácil que otros, pero todos tienen que cumplir con su rol. 

Entiendo que entre los insectos, si a alguno se le da por no hacer su trabajo, lo matan en el acto, sin juicio previo, como si fuera un error de la naturaleza que hay que corregir para poder mantener el orden social.

Los seres humanos, por el contrario, habiendo desarrollado otro tipo de vínculos, podemos vivir de rentas de propiedades o negocios que nos dejaron nuestros padres, podemos vivir de nuestros padres, de nuestras parejas, de la seguridad social, de la caridad ajena, o de la caza y de la pesca (en esto nos pareceríamos a los animales. Y así se anticipa el otro razonamiento que surgió al principio de este escrito incandescente).

Esto nos permite, por lo menos a algunos ejemplares, pasar por la vida sin producir nada de valor, sin aportarle nada a la comunidad humana. 

Este era el origen del razonamiento uno.

En cuanto lo enuncié, me di cuenta de que hace agua por todas partes.

Como primera medida, si bien los animales tienen que buscarse su comida, ellos también consumen energía que no produjeron. 

Todos consumimos energía que no produjimos. 

Ninguno de nosotros creó nada, ni una planta, ni un edificio, ni una estrella. 

Claro, plantamos una semilla, reordenamos algunos materiales y creamos un edificio, y con respecto a las estrellas, bueno, todo hace suponer que no tenemos nada que ver más que su brillo.

Ahora me pregunto: ¿Será que existe algo como una vida inútil? ¿Será posible que el más parásito de nosotros no cumpla alguna función social? ¿Cuál es, si es que la tienen, la función social de los parásitos?

Hay gente que parece estar en el mundo sólo para molestar, no aporta ni una sonrisa.

¿Qué podemos hacer con esas personas? ¿Matarlas como los insectos? ¿Aprovecharlas para practicar nuestras supuestas virtudes?

Bueno, gente, por hoy, llegamos hasta acá. 

Tengo que ir a laburar. 

No soy un animal. No soy un parásito.

Soy un obrero de la construcción.



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