Baño de espuma

Te preparás para ingresar a ese lugar en tu consciencia en donde sabés qué es lo que más te conviene y qué es lo que más le conviene al universo, no tanto porque conozcas al universo o sepas realmente qué es lo que más le conviene, sino porque sabés que sos parte de ese todo y sabés que como parte de ese todo tenés por lo menos el derecho a creer que sabés algo.

En términos más concretos, quiero decir que te sacás la ropa y ponés a llenar tu bañadera, porque tenés una bañadera y tenés agua caliente y te parece que te mereces darte un baño de espuma.

Si no tenés ni bañadera ni acceso a agua caliente, por favor, usa estas palabras como si fueran un salvavidas e imaginá por un instante que sí las tenés. Me atrevo a suponer que ese pequeño ejercicio de la imaginación será casi tan placentero como la experiencia en si (sino más). 

En cuanto se llena tu bañadera y empezás a pensar en el placer que vas a sentir al entregarte a ese útero cálido y espumoso, abrís una botella de champagne (real o imaginaria, para los fines prácticos de esta experiencia es más o menos lo mismo).

Querés burbujas, querés placer, querés querer lo que querés y decidís liberarte de las cadenas que te atan. Decidiste no privarte de nada. Comprendiste que mereces disfrutar de toda la abundancia que hay en el universo.

Antes de despedirte de tu antiguo yo limitado, le dedicás unos instantes a repasar los eventos que vas a transmutar en la bañadera.  

El día que viviste no se parece en nada al que podrías haber imaginado si tuvieras la costumbre de imaginar los días. En el trabajo te golpearon abajo del cinturón, te dieron patadas voladoras, viste monstruos espantosos comiéndoles las vísceras a las doncellas más agraciadas y escuchaste el chirrido de centenas de uñas en centenas de pizarrones.

En otras palabras, fue un día de mierda.

Lo que pensabas que podría haber sido el comienzo de una apasionante aventura romántica se transformó de repente en un murciélago rabioso. La persona que ayer susurraba en tu oído las palabras mágicas que habías estado esperando por siglos, se convirtió en una cucaracha y ya no te reconoce ni responde tus llamadas.

De salud estás bien, pero tenés miedo. Todos a tu alrededor tienen Covid o les duelen las articulaciones. No mueren, pero les duele todo y no tienen ganas de nada. 

Estás rodeado de fantasmas.

Por eso hoy dicidiste no privarte de nada. Vas a beber un champagne en tu bañadera cinco estrellas escuchando un buen disco de jazz. 

Los problemas del mundo quedaron atrás. El futuro es una fantasía infantil.

Lo único que existe para vos es este momento mágico en el que decidiste cuidarte, amarte, celebrarte.

La soledad no es una corona de espinas, es el premio con el que el infinito recompensa tu existencia.

Los pájaros no cantan, los perros no ladran, los autos no hacen ruido.

No escuchás ni tu respiración. 

Prestá atención: este silencio es el escenario en donde todo cobra sentido al colocar tu pie en la bañadera llena.

Ahí va la pierna...

Los cambios se presentan con la regularidad con la que se mueven los planetas en sus órbitas y la arbitrariedad con la que se mueven las moscas.

Aceptás con naturalidad esa aparente contradicción.

Te sentís muy bien.

Te enteraste que se murió el marido de tu prima. 

Vos lo imaginabas feliz, pescando truchas en un lago de la Patagonia, pero resultó que no, que estaba deprimido y una enfermedad cualquiera se lo llevó como quien se lleva un caramelo de un kiosko después de haberlo pagado como corresponde.

Ahí va la otra pierna.

Con la copa en una mano y la botella en la otra, empezás a sumergirte en esta aventura sensual hídrica.

Ahhh...

 "Après moi, le déluge"¹, parece que dijo Luis XV. 

Un poco exagerado, claro, pero en este caso la cita cae como anillo al dedo.

Como anillo del Capitán Beto. 

Beto Casella, etc.

Quiero decir que todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar.

Nunca perseguí la gloria ni dejar en la memoria de los hombres mi canción.

Yo amo los mundo sutiles, ingrávidos y gentiles como pompas de jabón.

Ahí está... eso, eso ... burbujas!

Todo el cuerpo dentro de la bañadera. Las burbujas, la espuma. La música.

Metés la cabeza.

Ahhhhhh... ahora sí....

Acá no falta nada.

A Adán hubo que fabricarle a Eva porque era un flojito. Creía que el paraíso estaba afuera en los árboles, las montañas, las burbujas, la espuma. Creía que una palabra, una visión o un toque podrían abrirle las puertas de la felicidad.

Bueno, pero no lo juzguemos... en esos días la ignorancia estaba muy extendida.

Ahora nosotros sabemos más.

No te digo todo, pero más.


¹ Nota del traductor: "Después de mi, el diluvio."


     

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