Por qué practico yoga
Era un grupo ecléctico. En realidad, más que un grupo, podríamos decir que era un conjunto de seres extraviados que se parecía más a una bolsa de gatos esotéricos, o a un club de perdedores anónimos abandonado, que a un grupo de practicantes de yoga. Pero lo notable de ese conjunto de buscadores sin brújula ni norte, de ese revoltijo humano de confusiones y tristezas que por lo general no tenía más esperanzas que la de que volviera Jesucristo u ocurriera algún otro tipo de milagro, es que un buen día decidió contratar a un profesor de yoga. La idea no tuvo un nacimiento tan noble como el que algunos lectores o algunas lectoras inocentes pueden estar imaginando. La verdad es que parece que el profesor le vendía marihuana a uno de los miembros de esa unión inestable e injustificable de seres despreciables. Y parece que la marihuana que vendía era tan buena que los otros miembros también empezaron a comprarle y cuando supieron que quien les traía tantas alegrías era también profesor de yo...