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Mostrando las entradas de julio, 2017

San Carlos de Bariloche

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Hace ya algunos inviernos, en la Confitería giratoria del Cerro Otto, empezó a trabajar una camarera que sabía muy poco de gastronomía pero quería construir una casa con su novio. Estaba dispuesta a hacer lo que fuera necesario para conseguir el dinero que necesitaba para lograrlo. Su conocimiento de idiomas era mínimo. Aparentemente, lo único que tenía a su favor era el entusiasmo. Al poco tiempo de desplazarse entre las mesas, observó que su clientela estaba compuesta principalmente por brasileños. Estos, o no se impresionaban por la calidez de su sonrisa, o no tenían la costumbre de dejar propina. Esta chica, a la que llamaremos Sofía, pronto se dio cuenta de que algo no andaba bien y después de unos días logró saber que en Brasil no se acostumbra dar propina ya que el servicio está incluido en la cuenta. Si no hacía algo, nunca recibiría más que saludos de sus hermanos del país tropical. Aguzando su limitada capacidad de observación, vio que sus compañeros más experim...

La Mona Jiménez

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La «Mona» Jiménez, referente mundial del cuarteto cordobés, soñó que era un egiptólogo desempleado en el exilio. Al despertar, no sabía si era un esclavo que se había desmayado mientras construía una pirámide o si era un estudioso de los misterios del antiguo Egipto que se había excedido con el Fernet. La playa estaba desierta. Pronto recordó que estaba de vacaciones y que, hasta donde él sabía, poco tenía que ver con el país africano. El autor de  «¿ Quién se ha tomado todo el vino?» activó su visión de rayos x y escaneó los alrededores en busca de alguien que pudiera ayudarlo. Natalia, una de sus hijas, venía caminando con dos hamburguesas completas, una botella de gaseosa de litro y medio, y un cuarto de helado artesanal para cada uno. —Sos mi Cleopatra argentina. No sabés lo que soñé. Era como Indiana Jones, estaba en Egipto. Había camellos y arena por todos lados. Era horrible —exclamó el autor de «Amor Secreto». —Tranquilo, papi, ya pasó. Te dormiste una si...

Tu clon en Zombilandia

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—No me gusta Tinder. Es un catálogo de gente —, dijo Laurita. Sin saberlo, había sido sedada y traída a la Tierra como parte de un experimento científico llevado a cabo en su planeta de origen.  El paquete incluía un reseteo total de cerebro y el posterior implante de la memoria de una mujer terrestre elegida al azar. Con ese experimento, los científicos trataban de probar la existencia del espíritu. En su planeta, Laurita era considerada casi como una santa.  No debido a su conducta sexual irreprochable  — siempre abierta de manera incondicional al "todos contra todos", algo que en su cultura era muy bien visto — , sino por causa de la sutil y esperanzadora interpretación de la realidad que hacía y expresaba con total fluidez cuando se encontraba en estado de trance hipnótico. La ingesta de  hongos alucinógenos era común en su mundo, pero sus semejantes, por lo general, tenían la costumbre de perderse en espectáculos de formas y colores totalmente d...

Trabajar por amor

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Como algunos norteamericanos disponen de mucho tiempo libre para dedicarse a la investigación, en una de sus famosas universidades realizaron el siguiente experimento. Contrataron a un ebanista para que les fabricara tres sillas con motivos tallados en madera de excelente calidad. El hombre dijo que necesitaría un mes para completar el trabajo y que el costo sería de u$s 5.000. El representante de la Universidad, respaldado por una empresa que financiaba el proyecto, aceptó las condiciones. Pasado el mes, el ebanista se presentó con las tres sillas construidas de la forma en que le habían encargado. Fueron colocadas en una sala vidriada que él podía ver mientras esperaba su pago. Para su sorpresa, a la sala ingresaron varios hombres con motosierras, hachas, martillos, lápices y cuadernos. Los que tenían motosierras, hachas y martillos, las destruyeron, cada cual al ritmo que les permitía su instrumento y su capacidad física. Los que tenían cuadernos, hicieron un infor...

Cartílago de tiburón

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Si sos un hombre, no discutas con feministas acerca de si es apropiado o no que las azafatas de Vietjet reciban a sus pasajeros en bikini. A vos te parece perfecto. Punto. Las feministas lo ven como una celebración del rol de objeto sexual de la mujer. No vas a poder hacer nada para convencerlas de lo contrario. Aunque les digas que te encantaría ser su objeto sexual y que podrían abusar de vos y abandonarte sin darte un abrazo, no lo vas a lograr. Ellas van a defender el romance y los uniformes como si el destino del cosmos dependiera de ello. Se entusiasmaron tanto con sus reclamos que se olvidaron de disfrutar de la diferencia, les gustaría que todos fuéramos como ellas. Sin embargo, a cualquier feminista le parece que cuidar sus articulaciones consumiendo cartílago de tiburón es la cosa más normal del mundo. Supongamos que vivís en Bolivia, o en el corazón de África, bien lejos del mar, y mucho más lejos todavía de la posibilidad de pescar un tiburón y saber có...

Control remoto

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Controlar o no controlar, esa es la cuestión. ¿ Somos títeres de un poder supremo o hacedores de nuestro propio destino? ¿ Somos el alimento desbalanceado de alguna divinidad menor del universo o seres que tienen la posibilidad de convertirse en cometas o arcángeles? En estas cosas pensaba mientras me lavaba los dientes y me vestía para salir de mi casa. En el momento en que salí... Nota: para quienes no han tenido aún el placer de conocerme y no saben nada de mí, es importante aclarar que vivo en el campo y me levanto a las cuatro de la mañana. En el momento en que salí, decía, me maravillé al ver las estrellas. El aire era fresco y puro. El gallo —que me parece que tiene un problema de ansiedad— cantó. Con esto quiero decir que en el momento que salí me di cuenta de que yo no había hecho nada para que estas cosas sucedieran, y sin embargo estaban ahí. Y lo más importante era que en realidad no me importaba si yo había hecho algo o no, si controlaba la situación o e...

Creatividad

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"Nada se pierde, todo se transforma", afirmó el químico Antoine Lavoisier. Si así fuera, la creatividad sería imposible: lo único que existiría sería una infinita posibilidad de reorganizar elementos. La frase  — no tan célebre  —  del ornitólogo italonorteamericano Tony Capana, que afirma lo contrario al sugerir que "Todo se pierde y nada se transforma", es, por razones obvias, igualmente falsa. Si entendiéramos esto a nivel visceral, veríamos que el único camino posible para experimentar la creatividad real sería posicionarnos fuera de la perspectiva dual. Aquellos que lo han intentado saben que hacerlo no es tan fácil como pretenderlo, tal vez por la delicadísima sutileza que un movimiento tan simple y natural requiere. Los poetas experimentales, intentando liberarse por cualquier medio de los confines de la ciencia bruta, han propuesto distintas combinaciones irracionales con la esperanza de trascender así los límites de lo conocido: El ser explota e...

La gaviota

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Larga vida a la gaviota curiosa, aquella que sueña con ser el capitán de un barco o el niño que la alimenta con una galletita. Y larga vida a aquella que ha despertado y sueña apenas con la posibilidad de vivir un poco más para poder seguir disfrutando de lo que la vida le ofrece. Había una vez una gaviota que no quería ser extraordinaria. Quería ser apenas una gaviota. Sus amigos —entre ellos el famoso Juan Salvador Gaviota—, le decían que no tenía ambiciones ni deseos de superarse. Se burlaban de ella. —Yo, cuando vuelva a encarnar, quiero ser diputada, o primera princesa en un concurso de belleza. No entiendo cómo es que a vos lo único que te interesa es andar volando por ahí, comer pescado crudo y tener hijitos —le decía una prima. La gaviota sin ambiciones, llamada Vuelo Rasante, respondía con un graznido que intentaba ser una sonrisa. —No sé —parecía decir. Es que a mí me gusta ser gaviota. Me encanta. Los días iban pasando y no sentía ningún interés especial en c...

Ladrón sin destino

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Juan, Ángel y yo, íbamos camino a robar una carnicería. Los tres futuros ladrones estábamos más o menos dispuestos a debutar en el crimen esa misma noche, los tres con esa mezcla de miedo y excitación que caracteriza a las cosas que se hacen por la primera vez. No éramos profesionales y lo sabíamos. Entre otras cosas, porque nuestra camioneta no arrancaba si no la empujábamos y aún así decidimos seguir adelante sin haber podido solucionar ese problema. Juan sugirió dejarla en marcha mientras hacíamos el trabajo, pero como por una cuestión de honor teníamos que entrar los tres, y no conseguimos definir cómo hacerlo sin que los vecinos sospecharan que estaba pasando algo raro, optamos por adoptar la estrategia del avestruz: no hablar del tema. Yo estaba temblando. Me puse a pensar qué pensaría mi mamá si supiera que estaba a punto de robar la carnicería de Alberto, y qué pensaría mi papá si supiera que no íbamos a buscar efectivo sino de una media res para hacer un asado...