San Carlos de Bariloche
Hace ya algunos inviernos, en la Confitería giratoria del Cerro Otto, empezó a trabajar una camarera que sabía muy poco de gastronomía pero quería construir una casa con su novio. Estaba dispuesta a hacer lo que fuera necesario para conseguir el dinero que necesitaba para lograrlo. Su conocimiento de idiomas era mínimo. Aparentemente, lo único que tenía a su favor era el entusiasmo. Al poco tiempo de desplazarse entre las mesas, observó que su clientela estaba compuesta principalmente por brasileños. Estos, o no se impresionaban por la calidez de su sonrisa, o no tenían la costumbre de dejar propina. Esta chica, a la que llamaremos Sofía, pronto se dio cuenta de que algo no andaba bien y después de unos días logró saber que en Brasil no se acostumbra dar propina ya que el servicio está incluido en la cuenta. Si no hacía algo, nunca recibiría más que saludos de sus hermanos del país tropical. Aguzando su limitada capacidad de observación, vio que sus compañeros más experim...