Amo la tecnología
Hace sólo 30 años se decía que el ajedrez era un juego ciencia y los Grandes Maestros eran reverenciados como intelectuales capaces de realizar movimientos de precisión dignos de un neurocirujano o un santo. Hoy no hay humano que le pueda ni hacer sombra a una computadora. La tecnología demostró que el ajedrez es apenas capacidad de cálculo y memoria, que no hay ni juego ni ciencia ni arte. Son sólo movimientos cuya eficacia puede ser comprobada con anticipación por cualquiera que tenga la capacidad de hacerlo. Hoy una máquina puesta a jugar contra si misma puede aprender a jugar mejor que un Gran Maestro en unas pocas horas y alcanzar un nivel de perfección capaz de matar de aburrimiento al ajedrecista más entusiasta. Del mismo modo, hoy el amor parece indiscutiblemente cosa de humanos, como hace 30 años el ajedrez. Nos decimos que ningún robot podría ser capaz de reemplazar la calidez y la espontaneidad que tenemos nosotros. ¿Será así, o será que todavía la tecnologí...