El hombre al que le gustaba mucho perder el tiempo
Había una vez un hombre al que le gustaba tanto perder el tiempo que se propuso ser inmortal para poder perderlo por toda la eternidad. En cuanto se despertaba, empezaba a perderlo de todas las maneras imaginables. A veces pasaba el día entero en la cama, otras iba al Banco y hacía las colas más largas que estuvieran disponibles, sólo para perder el tiempo. Esperaba colectivos de larga distancia que no iba a tomar, en lugares en donde se decía que en algún momento pasarían. Aceptaba trabajos como sereno, pero sólo en lugares en donde tenía la total y absoluta certeza de que no tendría que hacer nada. En ese rol, recibió muchas felicitaciones y agradecimientos por su eficiencia, ya que con tal de poder perder el tiempo trataba de permanecer despierto 20 hs por día y no dudaba en hacer horas extra incluso cuando no fueran pagas o reconocidas por nadie. Al recibir la segunda propuesta para aceptar puestos de más responsabilidad, decidió abandonar la profesió...