Albergue transitorio
Estaba conjugando la primera persona del plural del pretérito pluscoamperfecto de subjuntivo del verbo garchar cuando me llamó Patricia B. Haría más o menos diez años que no sabía nada de ella. Nunca fuimos ni grandes amigos ni grandes amantes, pero siempre funcionamos como una especie de salvavidas sexual cuando las cosas estaban difíciles para cualquiera de los dos. Como mi situación no era próspera, ni monetaria ni sexualmente hablando, y ella apareció así de repente, imaginé que no me llamaba para contarme que se casaba sino que estaba en una situación parecida a la mía. Después de los inevitables ¿qué hacés, tanto tiempo? y otros por el estilo, me preguntó si no quería que nos viéramos en un bar que está en Cabildo y Juramento, a tres cuadras del hotel al que íbamos siempre que nos encontrábamos. — ¿Cuándo? —, dije yo, tratando de hacerme el interesante. — ¿Estás muy ocupado? —, respondió. Creo que con esas dos preguntas fue suficiente para que ella supiera que yo...