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Mostrando las entradas de mayo, 2018

Papiroflexia

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Alberto González Iturbe, un epistemólogo peruano desempleado, cansado de luchar contra la pobreza y sus penurias, se decidió a cambiar. Habiendo aprendido en la infancia los rudimentos del arte de la papiroflexia, o, en las palabras de su padre , « ¿Por qué no dejas de perder el tiempo y haces algo útil? », puso manos a la obra y se comprometió a convertirse en un referente mundial de la especialidad en cuanto pudiera conseguir una tijera y un diario antiguo para empezar a trabajar.  Ese compromiso, auténtico y total, fue el primer paso de un camino que lo llevó al éxito y la fama, aunque también fue la puerta de entrada a todos los vicios y excesos que caracterizaron su vida posterior. Después de haber sufrido tanto, no es fácil para nadie hacer equilibrio en el centro justo de esas virtudes que tanto se alaban, pero tan poco se practican. El dinero y el poder llevaron a Alberto a lugares que ni él mismo había soñado que pudieran existir. «De todo y mucho», era su lema...

Así en la Tierra como en el cielo

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Si Dios existe y es todo amor, los problemas tienen que surgir de sus limitaciones técnicas o de su incapacidad para administrar con eficiencia un espacio infinito. Es evidente que algo raro pasa. A cualquiera le cuesta creer que un universo tan maravilloso como este en el que vivimos se haya creado de manera espontánea, sin embargo, hasta el más entusiasta de los mortales se ve inclinado a creer que las inundaciones, el frío y el hambre no pueden ser otra cosa que un subproducto indeseado del acto creativo de alguien que todavía no domina el arte. ¿ A qué ser amoroso se le pueden ocurrir las caries y los hongos en las uñas de los pies? Una raza capaz de construir aviones y tostadoras no puede ser fruto de la casualidad. De algún lugar salió toda esta ensalada. Nos gusta pensar que existimos y que nos damos cuenta de que existimos. Yo estoy aquí, tecleando unas palabras. Si vos las estás leyendo, las estás leyendo. Eso no se discute. Si no partimos de esa base, no...

El Moisés de Evaristo Gómez Lacerda

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Cuenta la leyenda que cuando le preguntaron a Miguel Ángel cómo había hecho para darle vida a su escultura más famosa, respondió: «quité todo lo que no era Moisés». Inspirándose en la frase del gran arquitecto, escultor y pintor renacentista, Evaristo Gómez Lacerda, un humilde trabajador gastronómico argentino, decidió homenajear al General Juan Domingo Perón. Evaristo vivía en el campo, solo. Su esposa lo había abandonado por un motociclista aventurero. Tenía la esperanza de producir una obra de arte de tal magnitud que le permitiera tanto mostrar su admiración por el General como recuperar su dignidad perdida. A menos de tres kilómetros de su casa, había una piedra de unos dos metros de alto por uno de diámetro. «Perfecta», pensó. «No será mármol, pero va a dar que hablar. Le voy a poner todo mi corazón». Ese fue su primer error, elegir el material basándose más en la emoción que en el conocimiento técnico acumulado a través de los siglos. Como trabajaba doble turno...