Hombres prevenidos
El Poeta sin Obra estaba recostado sobre una reposera azul en la orilla del lago Nahuel Huapi. La playa de Bahía Serena, en el km.12.200 de la Av. Bustillo, le había parecido siempre una especie de templo al aire libre. Así que ahí estaba él, como una especie de buda sudamericano en ojotas, con una sonrisa que demostraba que sus emociones estaban al día y los ojos cerrados como escuela de baile durante la pandemia. Me acerqué despacio, para no interrumpirlo en su meditación, pero en cuanto escuchó mis pasos sobre las piedras, abrió los ojos y me dijo: —Querido... qué alegría verlo... no voy a mentirle diciéndole que estaba pensando en usted porque lo quiero y lo respeto, y porque hace ya mucho tiempo que abandoné la costumbre de mentir en general. Aunque la mentira pueda a veces ser divertida o conveniente, a la larga se revela siempre como una pérdida de tiempo y suele hacer más daño que bien. Así que para privarnos de todos esos inconvenientes le voy a decir la verdad sin ...