Prohibido iluminarse - El monasterio del aquí y ahora
A más de tres mil metros de altura de la base de la montaña Kailāsh, en Tibet, vivía un hombre llamado Ngawang que había decidido renunciar a la vida civilizada y creyó que solo en esa soledad iba a ser posible para él encontrar la paz que buscaba. Kailāsh es una de las pocas montañas que no tiene ningún intento conocido de ascensión, en muestra de respeto a las creencias religiosas budistas e hindúes. Ngawang pensó: "acá puedo morir de hambre o de frío, tal vez me ataque algún animal salvaje, pero nunca nadie va a poder decir de mi que morí de aburrimiento en la caja de un supermercado. O vendiendo boletos para entrar al subte. Eso no. Ese no es Ngawang." Los primeros años fueron tal cual como esperaba. Nadie. Ni animales salvajes que pusieran su vida en peligro. Comía algunas raíces y frutos silvestres y se protegía del frío en una cueva en la que tenía agua, ya que allí se originan algunos de los ríos más largos de Asia como el Indo, el Sutlej, el Ganges y el Brahmapu...