Yo fui un monstruo y me gustó
A mediados del año 1998, llegó a San Carlos de Bariloche una empresa norteamericana llamada Terror. Venían a fabricar un laberinto similar al que tienen en Orlando, Estados Unidos. El asunto es que yo estaba formalmente desempleado, escribiendo en la clandestinidad, teniendo que moderar mi arte incendiario para después verlo firmado por otros y poder cambiarlo por dinero. Paralelamente, estaba tratando de conseguir un puesto de trabajo en la recepción del Hotel Llao Llao, para adaptarme de una vez por todas a la sociedad de consumo. Mientras esperaba que me llamaran del Hotel, ocurrió un milagro. Gracias a un vecino que escuchaba la radio a todo volumen, supe que iba a instalarse en la ciudad un espectáculo de monstruos. Mientras Marcelo Parra, que conducía el programa, le decía a Toto Fernández que él bien podría trabajar ahí, porque le daba el physique du rol, mi corazón empezó a latir a toda velocidad. Era eso. Yo no quería ser conserje. Quería ser monstruo. Falt...