Equinoccio de primavera
El péndulo, prisionero del eje que lo sostiene, y esclavo de la fuerza gravitacional que lo obliga a ir de acá para allá, no tiene problema en cumplir con su función por dos motivos fundamentales: primero, no tiene consciencia. Es apenas una colección de átomos aglutinados vaya uno a saber por qué que cumplen con su función como si fueran empleados municipales. Segundo, y al decir segundo me doy cuenta de que este numeral se aplica doblemente bien en este caso, ya que tanto nos ayuda a enumerar los motivos fundamentales de los que estamos hablando como a pensar en los relojes y el tiempo, que son protagonistas de esta historia de brotes, minifaldas y brisas que nos ocupa hoy, no le cuesta nada, hace su trabajo de taquito, totalmente relajado, porque lo hace por su propio peso. Toma impuso, o, mejor dicho, alguien le da impulso, para que trabaje para él, para que él, o ella, pueda saber la hora, y ahí va, tic, toc, tic, toc, a izquierda y a derecha, a izquierda y a derecha, una y otra v...