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Equinoccio de primavera

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El péndulo, prisionero del eje que lo sostiene, y esclavo de la fuerza gravitacional que lo obliga a ir de acá para allá, no tiene problema en cumplir con su función por dos motivos fundamentales: primero, no tiene consciencia. Es apenas una colección de átomos aglutinados vaya uno a saber por qué que cumplen con su función como si fueran empleados municipales. Segundo, y al decir segundo me doy cuenta de que este numeral se aplica doblemente bien en este caso, ya que tanto nos ayuda a enumerar los motivos fundamentales de los que estamos hablando como a pensar en los relojes y el tiempo, que son protagonistas de esta historia de brotes, minifaldas y brisas que nos ocupa hoy, no le cuesta nada, hace su trabajo de taquito, totalmente relajado, porque lo hace por su propio peso. Toma impuso, o, mejor dicho, alguien le da impulso, para que trabaje para él, para que él, o ella, pueda saber la hora, y ahí va, tic, toc, tic, toc, a izquierda y a derecha, a izquierda y a derecha, una y otra v...

Primavera

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Subo al colectivo. Tengo en mi mano izquierda millones de átomos que todavía mantienen la apariencia de una flor. Le llevo una rosa a la mujer que amo. Sé que me permitirá transmitir con un gesto los sentimientos que a la palabra se le dificultaría expresar. Nota: Regalar flores, así como escribir cartas de papel, son costumbres que por estar en peligro de extinción se han vuelto a convertir en excelentes medios de comunicación. Me siento. Como no es un horario pico, el colectivo está casi vacío. La gran mayoría de las personas que tienen trabajo están trabajando. Yo tengo trabajo, pero decidí tomarme el día libre para llevarle una rosa a la mujer que amo. Me pareció que el destino del universo dependía de esa simple acción. Me acordé de ese párrafo tan lindo de la Biblia que leen en algunos casamientos, ese que dice que uno puede hacer esto y lo otro, hablar todos los idiomas de la tierra, etc, pero que, si no tiene amor, no es nada. Voy mirando por la ven...

Vacío, al horno, sin papas.

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Al mundo nada le importa, yira, yira. Así como cuando estás viviendo tu mejor temporada te puede traer un frío que te congela los huesos, en el momento en  que te sentís acabado te trae una primavera maravillosa. El mundo hace su trabajo, que es dar vueltas y presentarles a las personas que viven en determinadas latitudes una sucesión alternada de cuatro estaciones más o menos definidas. A los que viven en el trópico, o cerca de los polos, les presenta un menú fijo de acuerdo a su ubicación. Si bien estar deprimido en invierno es muy desagradable, es todavía más doloroso cuando a tu alrededor todo conspira para celebrar la renovación de la vida. Los pajaritos cantan, las chicas exhiben sus sonrisas publicitarias vestidas apenas con lo indispensable para que no las lleven presas, los colectiveros conversan entre ellos y son menos los que protestan porque parece que de repente nadie tiene apuro por llegar a ningún lado. Llegó la primavera. La orden del día es estar feliz, s...