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Mostrando las entradas con la etiqueta Psicología

Espera que pase el buey

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pero mientras tanto dale un chancletazo en la nalga Bueno... estas frases, estos primeros trompetazos, son para entrar en calor, para que los dedos vayan desperezándose y el cerebro conectando las neuronas que tengan que ser conectadas, activadas como almendras, etc. Hoy no fue un gran día, ¿para qué te voy a engañar? Por otro lado, claro, fue maravilloso, todo una oportunidad... pude haber huído en busca de aventuras, pero no lo hice... seguí la huella de la supervivencia como la vaca que avanza temblando hacia lo que sabe que no le conviene... la única diferencia es que todo hace suponer que ella no tiene opción, y a mi me gusta pensar que yo sí... la actitud, entonces, es ponerle el pecho a la pandemia, al invierno y a los asteroides, meteoritos y demás cuerpos celestes que puedan venir a perturbar el orden, a destruir este pequeño tesoro que ha crecido entre las ruinas de la ignorancia y se ha desplegado desde el centro incierto de mi ser hasta este límite de piel y cabellos que po...

El primero te lo regalan

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Ya de chiquito el autoconocimiento me interesaba más que el fútbol. Mis compañeritos, que suponían que como yo leía mucho debía tener algún tipo de saber que ellos no poseían, me consultaban como si fuera el pequeño oráculo del barrio. Me atrevo a imaginar que si me hubiera dedicado a la psicología, o al tarot, habría acumulado una fortuna aprovechando este don que dicen que todavía tengo para resolver conflictos ajenos. Sin embargo, no me convertí en un terapeuta sino en un peregrino, y el proceso de la vida me llevó a practicar el arte de la escucha y la respuesta amorosa consciente apenas cuando era necesario. Debido a eso, mi consultorio nunca tuvo agenda ni dirección estable. Bares, plazas y habitaciones diversas, fueron, hasta hoy, el escenario en el que se desarrolló mi capacidad innata para transmutar emociones y sugerir posibles caminos a otros peregrinos desorientados. Mi especialidad son los conflictos de pareja. De tanto practicar, me volví tan bueno que a...

La punta del iceberg - La procesión va por dentro

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Polo Contreras miraba los tres cubos de hielo que flotaban en el vaso de whisky que sostenía entre sus manos. Sonreía. Para ser más precisos, sus labios habían adoptado la forma de lo que parecía ser una sonrisa. Cualquiera que lo conociera bien, se daría cuenta de que esa mueca era en realidad producto de la reacción involuntaria de los labios a la presión que ejercían los músculos de la mandíbula al intentar cerrar la boca más allá de lo que su anatomía le permite. Aún sabiéndose el único payador salteño capaz de incorporar la palabra iceberg entre sus versos más inspirados, el único que le dedicó una canción original en quechua a esas grandes formaciones de hielo que flotan en el mar, estaba nervioso. Era la primera vez que se presentaba en un canal de televisión. Si bien ya había cantado en infinidad de bares, en algunos teatros y hasta en el estadio Padre Ernesto Martearena, en ocasión de un festival folklórico en el que también cantó Mercedes Sosa, ese día estaba ner...

La caída de un ídolo

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El Teniente Batalla puso su ego en remojo con la esperanza de que se disolviera para poder así disfrutar de algunos instantes de paz antes de tener que abandonar su cuerpo. Había consagrado su vida entera a todo tipo de combates, ya fueran estos físicos, mentales o espirituales. A pesar de haber obtenido incontables victorias, sentía en su interior una espantosa mezcla de aburrimiento y frustración. —Siempre hice lo que tenía que hacer, siempre cumplí con mi deber. Lo que es más, me atrevo a pensar que fui hasta creativo. Cuando no había ni dónde ni por qué pelear, generé conflictos estupendos, como si fuera un mago que hace aparecer un conejo de una galera inexistente. No entiendo por qué me siento tan vacío —dijo en una de la últimas conferencias de prensa en las que participó, cuando todavía conservaba algo de entusiasmo pero la otrora firme estructura de su personalidad empezaba ya a desmoronarse. Poco tiempo después, fue imprescindible recurrir a la ayuda de profesionale...

Vocación

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M e siento incómodo                  dese quilibrado . Megus taríap ens ar quesetrata de otracosa peron o                        setrata desto estoy perdido séquestasahí — lo siento en las vísceras —  pero también sé que no vamos a encontrarnos aunque nos fusionemos y nuestros electrones se olviden de si mismos                                                                            atalpunto queyani sepan a qué cuerpo pertenecen                                  lonuestro vaserimposible porque ya nos habíamos perdido de antes               mucho antes ...