Una línea, y otra línea, y otra línea más
Allá por los ochenta, cuando fumar, beber y drogarse estaban mucho mejor vistos que ahora, Rita Latorre, una joven artista plástica nacida en Quilmes, se dedicaba casi sin descanso a tratar de sintetizar en sus cuadros la mayor cantidad de experiencias imaginables con la menor cantidad de trazos posibles. Un domingo de agosto fue a visitar una exposición de arte moderno. De repente, sintió la necesidad de ir al baño. Sin habérselo propuesto, se vio obligada a presenciar una escena en donde dos conocidas críticas de arte inhalaban cocaína con el mismo entusiasmo con que un buscador de perlas vuelve a respirar después de haber estado cinco minutos bajo el agua. Si bien en un primer momento el acto le pareció repulsivo, una extraña fascinación la obligó a fijar su atención en esas aspiraciones brutales. mfff mfff...nggngngn... mfff mfff.... aahhhh sshhht shshsht kkkkk... sshhht mmmfff mmfff ahhhh Cuando logró vencer sus prejuicios, y pudo dejar de pensar en el mal que esa...