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Mostrando las entradas de marzo, 2017

Tu vicio

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Es una calurosa tarde de verano en Pinamar, deben ser la siete y media, estoy bailando sobre una mesa. Soy el mozo. El bar es de un amigo. La libertad artística que tengo para atender a la clientela es una de las atracciones del lugar. Estamos escuchando Jumping Jack Flash, a todo volumen. De repente, como si fuera una aparición de la virgen, pero en otro estilo, claro, llegó Charly García, con el Negro García López —que en paz descanse—, y una chica. Sin decir buenas tardes, me hace una propuesta: «Vos hacé de Jagger, yo hago de Richards». Acepto. El bar está en llamas. Acabado el tema, hacemos también el tradicional Simpatía por el Diablo, nos damos un abrazo y vamos a la barra, en donde ya están el Negro y la chica. A Charly se le ocurre organizar un concurso para ver quién toma más toc tocs. Nota: Los iniciados entenderán que no necesitó mucha imaginación para producir esa idea. El Negro me dice: "«no hay quién le gane». El asunto es que cuando se termi...

Tu nombre sobre mi nombre

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«Un hombre no es un hombre hasta que escucha su nombre en labios de una mujer», decía un gran poeta. Sin embargo, existen nombres que dificultan bastante tomar con seriedad los más apasionados momentos románticos y muchas operaciones comerciales. En Brasil está permitido llamar a un recién nacido de cualquier manera. La imaginación de los padres es el límite. Así, cuando alguien comprueba que entre su círculo de amistades ya se agotaron la mayor parte de las opciones tradicionales bíblicas, se aventura con nombres de personajes de películas norteamericanas, famosos de la historia o combinaciones de letras que aunque no tengan significado puedan darle a su vástago una identidad casi única. El otro día, haciendo un trámite administrativo, me encontré con un muchacho que se llamaba Walt Disney Jr. Torres de Oliveira. Le pregunté por qué Jr. y me explicó que su padre también se llamaba así. Cuánta maldad. A su hijo tal vez lo llame Walt Disney Jr. 3 Torres de Oliveira. El nombr...

Amores de estudiante

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Había una vez un hombre que quería enamorarse como un adolescente pero no se daba cuenta de que ya era un adulto. Cortejaba a las mujeres con el mismo entusiasmo que mostraba Johnny Depp en Don Juan de Marco. Jóvenes o viejas, gordas o flacas, simpáticas o antipáticas, no hacía distinción. Les cantaba boleros, les recitaba poemas. Si el objeto de su amor era una joven estudiante rebelde, se ponía un pañuelo en la cabeza, anteojos oscuros, una campera de cuero, y llegaba hasta ella en una moto ruidosa, cantando "Hasta Siempre, Comandante", o alguna de Moby, dependiendo del perfil de la señorita que en el momento gobernaba los destinos de su corazón. No percibía que a los 64 años algunos gestos pueden parecer un poco fuera de lugar. Las ancianas lo amaban, pero no soportaban que fuera tan picaflor y lo acusaban de comportarse de manera inadecuada para un hombre de su edad. Las mujeres de su gener...

El hombre al que le gustaba mucho perder el tiempo

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Había una vez un hombre al que le gustaba tanto perder el tiempo que se propuso ser inmortal para poder perderlo por toda la eternidad. En cuanto se despertaba, empezaba a perderlo de todas las maneras imaginables. A veces pasaba el día entero en la cama, otras iba al banco y hacía las colas más largas que estuvieran disponibles, sólo para perder el tiempo. Esperaba colectivos de larga distancia que no iba a tomar, en lugares en donde se decía que en algún momento pasarían. Aceptaba trabajos como sereno, pero sólo en lugares en donde tenía la total y absoluta certeza de que no tendría que hacer nada. En ese rol, recibió muchas felicitaciones y agradecimientos por su eficiencia, ya que con tal de poder perder el tiempo trataba de permanecer despierto 20 hs por día y no dudaba en hacer horas extra incluso cuando no fueran pagas o reconocidas por nadie. Al recibir la segunda propuesta para aceptar puestos de más responsabilidad, decidió abandonar la profesió...

Compro, luego existo

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Cuando compro, me siento vivo. En el supermercado, me vuelvo loco. Quiero hasta las cosas que no me sirven. Quiero un taladro, un colador, una lata de cualquier cosa. No me importa qué. Lo quiero todo. Me gusta tanto comprar que visualizo mis compras antes de hacerlas. Me imagino bañándome, secándome y después vistiéndome para ir a comprar. Me veo abriendo la billetera para comprobar que está la tarjeta. Me visualizo entrando al súper, surcando las góndolas con total confianza, eligiendo los palmitos más caros, empujando mi changuito con la dignidad de un emperador que sabe que llega para conquistar. Me visualizo en distintos shoppings . Me veo llegando a mi casa con muchos paquetes, cajas y bolsas. Puedo sentirlo. Me preparo unos mates. Miro el botín. Como soy un practicante de tantra, sé contenerme. No busco el orgasmo, busco la liberación. Camino alrededor de mis nuevos productos como si fuera un tigre que arrinconó un venado pero espera el momento justo para a...