No somos nada
Somos algo. Eso es indiscutible. Puedo aceptar que no somos el cuerpo, incluso me atrevo a decir que entiendo que no somos ni nuestros pensamientos ni nuestras emociones, pero si soy honesto, aunque no sepa qué, tengo que confesar que estoy convencido de que algo somos. Me acabo de despertar. Estaba soñando a todo vapor. En cuanto me desperté, supe que era temprano. Pensé que eran las cuatro. Estaba transpirando. Tomé dos vasos de agua, prendí el aire acondicionado y orienté mis testículos hacia la corriente de aire frío. En esa especie de posición fetal del hombre moderno me puse a pensar quién soy y qué estoy haciendo acá. Pronto llegué a la conclusión de que no soy nada, o de que soy un dibujito en el holograma de un ángel que tiene a su cargo una galaxia. Meditando y meditando, mientras me iba enfriando, continué con esa línea de razonamiento hasta que llegué a la conclusión de que había llegado a la conclusión anterior por uno de dos motivos: o estoy iluminado o t...