La Calesita - Cómo disfrutar el viaje cíclico
Contra mi voluntad, me vi forzado una vez más a practicar el desapego. Justo cuando estaba a punto de colocar sobre mi lengua el bombón de la risa y las endorfinas desatadas, me lo arrebató la existencia con el mismo gesto matemático con que un calesitero resentido le aleja la sortija a un niño que en su inocencia tiene la esperanza de poder vencerlo a fuerza de destreza para así conseguir una vuelta extra. Es cierto que uno se va acostumbrando y por fuerza de acumulación de desengaños las cosas cada vez duelen menos, pero una frustración es siempre una frustración. Uno se ilusionó con una pequeña dosis de glamour, pero tuvo que volver a alegrarse por las pequeñas cosas, un perro, una foto de Instagram, el llamado de una tía. Nada de ir a cenar con Margot Robbie y que te haga revivir con su sonrisa eléctrica mientras degustan unos canelones a la Rossini. Un nuevo brote en el rosal, dos pájaros coloridos surcan el cielo emitiendo un graznido espantoso, limpiar tu cuarto...