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Mostrando las entradas de febrero, 2022

El mariachi

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El mariachi apareció de repente. Respiraba como un dragón, tenía los ojos rojos y una 38 especial brillando en su mano derecha. Antes de disparar, pensó: «una bala nunca va a tener la elegancia de un bolero, pero, considerando las circunstancias, va a causar daño más rápido. Una cosa es segura: estos dos nunca más van a escuchar una maraca. Tengo seis balas. Tres para cada uno. Me parece que primero les voy a perforar los intestinos, para que puedan ver y sentir, pero no lo puedan digerir. Después, ahí viene la duda, ella o él, corazón o cabeza. Yo sé que no es momento para ponerse demasiado detallista, pero mi padre me enseñó que las cosas hay que hacerlas bien. Nota: Todo eso, y lo que viene a continuación, fue pensado en menos de un segundo. Ya no es un secreto para nadie que el cerebro humano es más veloz que una súper computadora . Yo soy músico. Soy un mariachi, un cantor de serenatas. Les llevo alegría a las parejas, les llevo un mensaje de esperanza. Es cierto, no so...

Hasta las manos

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El compromiso debe ser total. Así haya sido establecido otros o con uno mismo. Una vez que se asume un compromiso, lo mejor que se puede hacer es cumplirlo. Si no te tenés fe para cumplir con un acuerdo, podes usar otras expresiones: tengo ganas, me gustaría, si se dieran las condiciones, etc. Sin poder comprometerme a afirmar que lo que voy a decir es cierto, me atrevo a sugerir que la expresión compromiso debe estar formada por «Con» y «Promesa». Con la promesa de hacer algo, asumo un compromiso. Vos podrás preguntarte qué tiene que ver todo esto con las manos. Podrás preguntarte eso y mucho más, ya que gracias a Dios sos libre para preguntarte lo que quieras. Yo también me lo preguntaba hasta hace apenas algunos instantes, cuando, después de haber vencido la inercia inicial del silencio, me conecté con la fuente de todo lo que existe y empecé a ver mis dedos desplazándose sobre el teclado con la decisión de un bandido que huye de la escena del crimen. Ahí me comp...

Agujero negro

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La primera vez que soñé la fuerza oscura, supe que tenía algo de la mujer que más de una vez me hizo perderlo. Me entregué. Sus células negras, incorpóreas, desmenuzaron mi cuerpo mucho antes de que pudiera pensar en abrir los ojos. En menos de un segundo, ya me había convertido en esa noche sin estrellas de la que tanto hablan las lombrices y los topos. Después de lo que me pareció una eternidad de ser y no ser al mismo tiempo, sentí de repente una irresistible necesidad de respirar. Inspiré. Fue como un viento viniendo de la nada, oscuridad alimentándose de oscuridad. Expiré, inspiré, expiré, inspiré, expiré, etc. Y así estaba, respirando, cuando de repente vi venir una galaxia y la respiré completa. Y después vino otra, y otra, y otra, y las respiré todas. Me alimenté de tantas galaxias que en un momento me sentí saciado. Con mi mano negra, invisible, toqué mi vientre inexistente. Sentí que estaba lleno. Para mi sorpresa, me di cuenta de que lo que estaba...

El travesti boliviano

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Alberto nació en La Paz. Hijo de un yesero alcohólico y una abogada con inclinaciones sadomasoquistas, llegó al mundo en medio de una batalla doméstica cotidiana en la que los insultos y los golpes estaban a la orden del día. Su abuela materna, llamada Tania, vivía con ellos y no comprendía cómo su hija, siendo profesional, se había casado con un albañil. «Yesero», la corregía su yerno. Cada vez que eso sucedía, la abuela resoplaba indignada. No soportaba ser corregida por nadie, y mucho menos por alguien que no había ido a la Universidad. Alberto, su querido nieto, demostró tendencias homosexuales desde la más tierna infancia. Ya en el jardín de infantes le decían «el puto». La abuela, que era hinduista, le explicaba que todos somos iguales y dignos ante los ojos de Krishna, y que somos creados a imagen y semejanza de la fuerza que dirige el cosmos. El niño intentaba asimilar esa verdad cósmica que se mostraba tan opuesta a la realidad concreta que experimentaba en s...