Ave Fénix
Bajé de la limusina y sonreí para las cámaras y las personas que me habían estado esperando por horas. Sabían que había descubierto la fórmula de la felicidad y que estaba a punto de entregársela al mundo. Cuando llegué al borde del escenario, me recibió una mujer con ojos de reptil y un tatuaje en el pecho. Con una voz increíblemente sexy me pidió que esperara. Por suerte, no me pidió otra cosa, porque el deseo que yo sentía de satisfacer cualquiera de sus deseos era enorme y eso podría haberme llevado por mal camino. Todos aplaudían de pié. En cuanto vio que estaba ahí, el anfitrión empezó a presentarme. —Señoras y señores, creo que hoy cualquier cosa que pudiera decir estaría de más. Estamos en presencia de uno de esos hombres que tienen la capacidad de cambiar el rumbo de la historia. Vino para decirnos lo que tanto necesitamos escuchar y estoy seguro de que este júbilo, este entusiasmo que desborda, le demuestra que estamos ansiosos por recibir su mensaje ¿No es así?...