El amor en la Zona de Confort - Por qué es tan difícil salir
En sólo dos meses ya nos habíamos acostumbrado a dormir juntos. Si bien no nos llamábamos "amor", creo que conseguíamos viajar por el superpoblado espacio de la rutina y el aburrimiento con bastante dignidad. Claro, si hubiéramos sido un poco más exigentes, hubiéramos escuchado esa pequeña voz que nos recordaba que estábamos juntos apenas porque para los dos sería peor no tener quién nos enjabonara la espalda, pero el asunto es que como preferíamos no escucharla nos sentíamos y parecíamos una pareja normal. Eso era mucho más de lo que habíamos tenido en los últimos años, así que no nos quejábamos. Lo que desató la tormenta fue algo ridículo. Estábamos desayunando. En el momento en que fui a untar una tostada con queso crema —después de haber leído en voz alta un capítulo particularmente largo del Curso de Milagros, costumbre que yo había aceptado sólo para darle el gusto—, me dijo que yo comía mucho queso y que a ella el dinero no se lo regalaba nadie, que toda su v...