El Principicio
Julio era escalador. De lo único que hablaba era de cuerdas, arneses y mosquetones. Su novia, que en un primer momento se había deslumbrado por el tamaño de sus bíceps, y se había mudado a su casa sin pensarlo dos veces, estaba empezando a cansarse. Se habían conocido en una fiesta. Diana, que así se llamaba la novia que estaba empezando a cansarse, nunca podría haber sospechado esa primera noche que Julio era un neurótico obsesivo cuyo único objetivo en la vida era subir y subir, para subir después un poco más. "Parecía que se divertía", le dijo a una amiga. En menos de una semana de convivencia, se dio cuenta de que él la veía como a una montaña, que en sus senos veía picos, en su espalda valles y entre sus piernas senderos. Al principio, él mostraba cierto interés por las relaciones sexuales -en las que se desempeñaba bastante bien, por lo menos de acuerdo a las normas IRAM de la pornografía moderna- pero ella pronto comprendió que su aparente entusiasmo se...