Karma
Manu Paladini había reencarnado tantas veces que cada vez que se moría se asustaba al darse cuenta de la cantidad de parientes que tenía que saludar cuando llegaba al cielo. Prefería nacer de nuevo con tal de poder olvidarse de todo y postergar, al menos por un tiempo, sus infinitos compromisos sociales. No se daba cuenta de que de ese modo lo único que hacía era generar más karma. Sufría, además, de la maldición de ser cada vez más simpático en cada una de sus encarnaciones. La gente lo amaba. Era el alma de las fiestas. Su agenda tenía casi el mismo tamaño que la guía de teléfonos. Si se hacía un perfil en Facebook, se llenaba inmediatamente con propuestas de amistad de los cinco continentes. Pensó en retirarse de la sociedad, en ir a vivir a una cueva en la montaña, pero de sabía que esa no sería la solución. Decidió probar otra estrategia. Empezó a disfrazarse de bisturí, de cantimplora, de unicornio o medialuna. Continuó haciendo el bien sin mirar a quien, p...