Poesía
Yo peso diez mil kilos, cien mil kilos para amarte, para cuidarte. Estoy acá, firme y fuerte como un árbol o una campana. A la muerte apenas la nombro, la veo como algo de lo que tendré que ocuparme cuando llegue el momento, si es que corresponde. Al cambio sí, es evidente, pero lo veo como un cohete que se dirige a una galaxia distante en la que las personas disfrutan de una felicidad que nosotros ni siquiera podemos imaginar. Ahora estoy cazando poetas. Lancé mi caña al río energético del cosmos y ya tuve los primeros piques. Algunos se estremecieron, otros respondieron como si una brisa leve les hubiera recordado un evento de su infancia o un tornado. A vos no te cacé, claro, porque estas en otra selva, sos fosforescente, brutal, divina. Pero ya conseguí algo de alimento como para no morir hoy de hambre en el camino. Mirá esto... es Pablo Neruda... qué maravilla.... El pie del niño aún no sabe que es pie, y quiere ser mariposa o manzana. Pero luego los vidrios y las piedras, la...