Cuenta la leyenda que a Batman le gustaba mucho el rocanrol. Dicen que empezó a ponerse el antifaz para poder dar rienda suelta a sus instintos más salvajes sin afectar su imagen de filántropo. Otros aseguran que se disfrazaba porque le gustaba, y que además de su traje de murciélago tenía uno de médico, otro de bombero y hasta uno de astronauta. El asunto es que le gustaba más hacer el amor que respirar. Las chicas de Ciudad Gótica conocían su mansión mejor que Alfred. Un día típico de Batman comenzaba siempre después del mediodía, presentándose en una o dos organizaciones de caridad para donar algo y mantener así su fachada de hombre respetable. Después, almuerzo, siesta, y fiesta hasta el otro día. Pero, como bien dice el refrán, a cada chancho le llega su San Martín. Una noche, hablando con el Guasón, tuvo un insight , un despertar. Se dio cuenta de que si seguía por ese camino acabaría por cansarse. —Basta, me voy —gritó, dándole un golpe a la mesa con su puñ...