Entrando en el embudo de lo posible
Uno quisiera abarcarlo todo, experimentar todo lo que parezca valer la pena, y, si fuera posible, que no hubiera pena. Quisiera ser Dios, pero sin espinas. Pero uno se ve obligado a entrar en el embudo de lo posible y, a medida que pasa el tiempo, no le queda otra que adaptarse a las circunstancias. Sumado a eso, más tarde o más temprano, uno se ve obligado a enfrentar la misteriosa realidad de la muerte. A uno se le revuelven las tripas y no sabe si resolverlo con vino, viendo películas, o haciendo un curso de origami. Están, claro, los que optan por la vía del servicio social, o, simplemente, por abocarse a su trabajo, o a su familia, siendo buenos ciudadanos, casándose, teniendo hijos y, en fin, tratando de hacer del mundo un lugar mejor para todos, pero uno, que busca lleno de esperanzas el camino que los sueños le robaron a sus... "Paremos, Alex. Sincerémonos", me digo, como si fuera varios y hubiera alguien que pudiera organizarlos. "A vos, en este momento, no te i...