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Mostrando las entradas de mayo, 2019

La vida es una milonga

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Por un instante, imaginemos que el mundo es una pelota de fútbol y que con ella se está disputando un partido de la Copa Interestelar de las Galaxias del Sur. Los jugadores son dioses que viven en una dimensión del tiempo muy parecida al concepto que en general tenemos de eternidad. Quiero decir que para la mayoría de nosotros la eternidad es algo que imaginamos como mucho tiempo. Convengamos que sólo un selecto grupo de sibaritas e intelectuales de clase media alta se atreve a entenderla como un fenómeno que lo trasciende. Volviendo al asunto de los dioses jugando al fútbol, imaginemos que para ellos la existencia de los dinosaurios, los meteoritos y la historia de la humanidad desde sus primordios hasta nuestros días, transcurriría más o menos en lo que para nosotros sería una millonésima de segundo. Tss. Ni se darían cuenta de lo que podría estar pasando en esa pelota que para nosotros seguiría siendo enorme y para ellos del tamaño justo para darle una patada y pasárse...

La Edad de Piedra

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Los historiadores aseguran que en la prehistoria hubo un período en que los seres humanos descubrieron el fuego, empezaron a vestirse y a fabricar herramientas de piedra. Por alguna razón que no consigo entender, decidieron llamar a ese período Edad de Piedra y no Edad del Fuego o Edad de las Vestimentas. O de cualquiera de los otros avances que supuestamente ocurrieron en esa época. El asunto es que desde entonces pasaron un montón de cosas. Algunas maravillosas, otras horribles. Todo dependiendo del punto de vista, claro. Es muy probable que tú, que lees o escuchas estas palabras, sientas que existes dentro de los límites de un cuerpo físico. No te entristezcas por eso. A la mayoría nos pasa lo mismo. Si bien un refrán popular nos recuerda que "mal de muchos, consuelo de tontos", me atrevo a suponer que en este caso podemos interpretarlo como una característica de la naturaleza de nuestra existencia humana y no como un mal al que fuimos condenados. Ademá...

Bailar tango

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El tango ocurre. No es una coreografía ni una elegante sucesión de pasos. Llega como un rayo, o un trueno. Tiene algo del espíritu de la lluvia. Naturalmente, para que ocurra, los bailarines tienen que estar preparados.  Cuanto más preparados, mejor. A nadie se le ocurriría improvisar jazz en el saxo sin tener un conocimiento previo del instrumento. Los bailarines caminan, practican los movimientos tradicionales, se abrazan. Una y otra vez, intentan reproducir los gestos del tango. Entienden que lo único que pueden hacer es prepararse.  Saben que cuando ocurre, ocurre como si fuera la expresión de una voluntad divina.  Como si un ángel dijera "Che, tengo ganas de bailar unos tanguitos. Me parece que está pareja está lista para ser canal de mi vibración celestial" y sin decir buenas noches se incorporara en ellos y empezara a manifestar en el plano terrestre cosas que pertenecen a un ámbito distinto. Chán, chán... chán, chán...

Tu ausencia es un agujero negro en mi memoria

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A pesar de estar acostumbrados a un orden social en donde es posible recoger frutos sin necesidad de relacionarse con los árboles, los habitantes de las grandes ciudades parecen sorprenderse cuando los efectos de causas puestas en movimiento sin su conocimiento se manifiestan en sus vidas. Y, con la misma inocencia con la que atacan un supermercado llevando apenas una tarjeta de crédito cargada con símbolos que produjeron programando videogames para una compañía que tiene sus oficinas en un país lejano, intentan relacionarse con sus semejantes. Así no hay amor que aguante. El ideal, representado por dos jóvenes con rostros y cuerpos perfectos, bien arreglados y vestidos, sonriendo en un escenario idílico, se transforma en un fruto que algunos anhelan y quieren poseer siguiendo el mismo proceso que utilizan para apropiarse de un pepino en la verdulería de su barrio. Como son muchos los que creen que eso es posible, los rituales comunes del amor que en teoría comparten hacen qu...