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Sentado frente a su computadora, Eleuterio Domínguez se dedicaba casi sin descanso a contemplar las distintas opciones de significado que le ofrecía la pantalla. Cuando se sentía satisfecho, después de haber cargado su cerebro con informaciones relativas a los temas más diversos, se desconectaba de Internet y se sumergía con todo su ser en lo que él llamaba su «tarea sagrada». Su objetivo no era otro que sintetizar el conocimiento cósmico disponible para la raza humana en unas pocas palabras que cualquiera pudiera comprender. Para intentar materializar ese noble propósito, cerraba los ojos y meditaba, en la soledad de su cuarto de trabajo, con un lápiz y un cuaderno siempre a mano. Sus primeros intentos fueron, naturalmente, tan obvios como intrascendentes. Las palabras libertad, consciencia, existencia y totalidad, le parecían al comienzo imprescindibles. Sin embargo, después de experimentar un poco con su «Primer Modelo de Resumen del Todo», se dio cuenta de que esos vo...