El origen del universo
El tiempo era un trapo de piso invisible desplazándose sobre una superficie de cristal. Vos y yo estábamos inmóviles, como fotos perdidas en una casa abandonada. Yo más inmóvil que vos, porque vos creías que tenías toda la eternidad por delante, pero yo tenía la urgencia de los que sienten que la cantidad de días de los que disponen es limitada. Por eso estaba tan quieto. Quería engañar a la muerte, pasar desapercibido. Si llegaba un pensamiento, no lo reconocía, hacía de cuenta que había llegado a otro cerebro, a otro mundo. De ese modo, como si fuera un avestruz que ante el peligro esconde su cabeza en la tierra con la esperanza de que no lo encuentren, creía estar a salvo de lo inevitable. Nota: sólo para que quede en actas, digamos que cuando digo "yo" estoy hablando en sentido figurado. Con ese nivel de quietud, no había ni yo, ni tú, ni nosotros, ni vosotros, ni ellos. La verdad es que nos habíamos diluído en ese vacío eterno en el que flotan las est...