Por qué personas sin escrúpulos tienen éxito
La respuesta bien podría ser que no ponemos manos a la obra para alcanzar nuestras metas... y ellos sí. No llevamos todo lo que somos al mercado y lo ponemos a trabajar. Ellos sí. No nos quedamos despiertos hasta tarde desarrollando nuevos planes para alcanzar nuestros sueños y trabajando duro día tras día para convertirlos en realidad. Ellos sí. No aprendemos todo lo que podemos sobre nuestra industria y nuestros mercados. Ellos sí. No hacemos todo lo posible por evitar las fuentes de influencia adecuadas, por asociarnos con aquellas personas que pueden ayudarnos a alcanzar nuestras metas. Ellos sí. Mientras nosotros soñamos con la promesa del futuro, ellos están haciendo algo al respecto. Es cierto que pueden estar haciendo las cosas mal, pero lo están haciendo de manera constante y con una intensidad y un nivel de compromiso que a muchos de nosotros nos avergonzaría.
El mal siempre se apresura a llenar el vacío creado por la ausencia del bien. Lo único necesario para que triunfe el mal es que la gente buena no haga nada; por desgracia, eso es lo que demasiadas personas buenas eligen hacer. Nuestra falta de actividad intensa y disciplinada ha permitido que el mal florezca y que los hombres buenos se tambaleen. Si la vida no parece justa a veces, no tenemos a nadie a quien culpar sino a nosotros mismos.
Imagínese lo diferente que sería nuestro mundo si nos comprometiéramos ahora mismo a poner en práctica todo lo que somos actualmente, dondequiera que estemos y con lo que tengamos actualmente. ¿Qué pasaría si todos diéramos el 100 por ciento a nuestros trabajos, familias y comunidades? ¿Qué pasaría si, a partir de ahora, comenzáramos a leer los libros, a reemplazar los errores con disciplinas y a relacionarnos con personas que tienen ideas estimulantes? ¿Qué pasaría si, a partir de ahora, convirtiéramos nuestros sueños en planes y nuestros planes en actividades refinadas que nos llevaran al logro de nuestras metas? ¡Qué increíble diferencia podríamos lograr! En poco tiempo, el mal se habría puesto a la fuga y el bien se apresuraría a recuperar el lugar que le corresponde. ¡Qué vida podríamos compartir con nuestras familias, una vida llena de desafíos, emoción y logros! ¡Qué herencia podríamos dejar a la próxima generación! Una riqueza de virtud, integridad y sustancia con la que construir un mundo completamente nuevo. Todo porque nos preocupamos lo suficiente como para hacer algo con nuestras vidas y poner a trabajar nuestras habilidades y talentos.
Aprovechar la visión del futuro
Las cataratas del Niágara son uno de los espectáculos más impresionantes del mundo. Cada hora, miles de toneladas de agua fluyen por el río Niágara y caen en cascada por varios cientos de pies de roca hacia las agitadas y furiosas aguas que se encuentran debajo. Gracias al ingenio del hombre, se ha aprovechado la poderosa fuerza de esta caída de agua y ahora proporciona una importante fuente de energía a cientos de miles de personas.Nuestros sueños pueden ser tan impresionantes y poderosos como esta maravilla de la naturaleza, pero también deben aprovecharse y convertirse en alguna forma de energía si queremos que tengan algún valor para nosotros y para el mundo que nos rodea. De lo contrario, seguirán siendo sólo un espectáculo emocionante pero sin explotar de la imaginación humana.
Todos decimos que queremos tener éxito, pero tarde o temprano nuestro nivel de actividad debe ser igual a nuestro nivel de intención. Hablar de logros es una cosa, pero hacerlos realidad es algo completamente diferente.
Algunas personas parecen disfrutar más hablando de éxito que consiguiéndolo. Es como si su canto ritualista sobre algún día los adormeciera con una falsa sensación de seguridad, y todas las cosas que deberían estar haciendo y podrían estar haciendo en un día determinado parecieran no hacerlas nunca.
Las consecuencias de este autoengaño tienen un precio inevitable. Tarde o temprano llegará el día en que mirarán atrás con arrepentimiento por todas las cosas que podrían haber hecho y pretendido hacer, pero que dejaron de hacer. Por eso debemos esforzarnos en el presente para experimentar el dolor más leve de la disciplina. Todos experimentaremos uno u otro dolor, el dolor de la disciplina o el dolor del arrepentimiento, pero la diferencia es que el dolor de la disciplina pesa solo gramos mientras que el dolor del arrepentimiento pesa toneladas.
Actividad. La aplicación de todo lo que sabemos y todo lo que sentimos, combinado con nuestro deseo de tener más de lo que tenemos y convertirnos en más de lo que somos.
Jim Rohn, Los Cinco Pilares

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