El mundial que nadie ve: Esto También Está en Juego

Hay algo que pasa cada cuatro años que ningún análisis político, ningún paper académico y ningún algoritmo de redes sociales puede explicar del todo: el mundo se detiene para mirar una pelota.

No es solo deporte. Nunca lo fue.

El Mundial de Fútbol 2026, que se juega por primera vez en tres países —Estados Unidos, México y Canadá—, llega en un momento raro de la historia. Un momento en el que las grietas entre naciones parecen más profundas que nunca, y sin embargo, millones de personas de culturas completamente distintas van a llorar, gritar y abrazarse por exactamente las mismas razones. Eso no es trivial. Eso es un portal.

La pelota como espejo

Cuando Argentina ganó el Mundial de Qatar en 2022, algo se movió en la psiquis colectiva del país que va más allá de cualquier análisis futbolístico. No era solo el título. Era la sensación —aunque sea por unas horas— de que éramos uno. De que las diferencias se borraban. De que había algo más grande que nosotros mismos que nos contenía.

Eso que sentimos en ese momento tiene nombre en la filosofía y en la psicología: conciencia colectiva. La idea de que los grupos humanos generan un campo de experiencia compartida que trasciende la suma de sus individuos. Émile Durkheim lo llamó así a fines del siglo XIX. Carl Jung habló del inconsciente colectivo. Más recientemente, investigadores como Rupert Sheldrake propusieron la teoría de los campos mórficos: la noción de que los patrones de comportamiento y de conciencia se transmiten de manera no local, como si hubiera una memoria que flota entre nosotros.

El fútbol, en su forma más pura, activa ese campo.

¿Y si no somos los únicos mirando?

Acá es donde la cosa se pone interesante. Desde hace años —y especialmente desde que el gobierno de Estados Unidos comenzó a desclasificar información sobre UAPs (Fenómenos Aéreos No Identificados)— hay una pregunta que ya no suena tan descabellada: ¿qué pasa si hay otras inteligencias observando este planeta?

No hace falta creer en nada para hacer esta pregunta. Basta con mirar los datos. En 2023, el ex oficial de inteligencia David Grusch testificó ante el Congreso de Estados Unidos sobre programas de recuperación de objetos de origen no humano. En 2024, la NASA publicó su primer informe oficial dedicado exclusivamente al estudio de UAPs. El paradigma está cambiando, aunque despacio.

Lo curioso es que, si existe algún tipo de presencia o inteligencia observando la Tierra, los momentos de mayor cohesión humana —los Mundiales, los movimientos sociales masivos, las celebraciones colectivas— serían exactamente los momentos más interesantes para observar. Porque ahí, en esa energía compartida, aparece algo que normalmente está fragmentado: la humanidad actuando como un solo organismo.

El equipo más importante

El short que acompaña este artículo nació de esa intuición. Desde Buenos Aires hasta Madrid, desde Ciudad de México hasta Moscú, hay personas que van a alentar a sus equipos en este Mundial. Y eso es hermoso. El amor por los colores, por la camiseta, por la historia propia de cada nación es algo que vale la pena celebrar.

Pero hay un equipo que ninguna bandera puede representar sola: la humanidad.

La humanidad que trabaja por la paz cuando nadie la ve. Que elige el diálogo cuando podría elegir la violencia. Que cuida a sus hijos, a sus viejos, a sus vecinos, aunque el mundo de afuera esté en llamas. Esa humanidad cotidiana, invisible para los medios pero real como el aire, es la que sostiene todo lo demás.

Y si hay algo —o alguien— mirando desde más arriba, lo que vale la pena mostrar no son las fronteras. Son esos momentos en los que las fronteras se disuelven.

Conciencia despierta en tiempo de Mundial

Hay una práctica que viene del budismo, del estoicismo y de varias tradiciones de sabiduría que se puede resumir así: usar cualquier evento ordinario como una puerta hacia lo extraordinario. El Mundial es eso. Es un evento ordinario —un torneo de fútbol— que tiene la capacidad de convertirse en una puerta hacia una conciencia más amplia, si elegimos verlo así.

¿Qué significaría alentar al equipo humano mientras miramos el Mundial? Significaría celebrar cada gol sin perder de vista que el jugador del equipo contrario también tiene una familia, también tiene miedos, también es parte del mismo experimento colectivo que somos todos. Significa que la alegría propia no tiene por qué construirse sobre la tristeza ajena.

Eso no es ingenuidad. Es una forma más sofisticada de ver el juego.

En México apareció una intervención de Greenpeace llamada Esto También Está en Juego que condensó en frases directas las problemáticas que considera urgentes además de la pelota: “Migración con dignidad”, “Alto al racismo y respeto a la autonomía”, “Justicia ambiental”, “Alto a las armas” y “Justicia para lxs desaparecidxs”. Remató con un mensaje dirigido a la audiencia internacional: “El mundo está viendo”. El Mundial 2026 no se juega sólo en las canchas!!

El video que vas a ver más abajo imagina ese escenario: el planeta mirando el Mundial mientras algo en el cielo —quizás curioso, quizás esperanzado— también mira. No es ciencia ficción. Es una pregunta abierta, lanzada con los colores del fútbol y la energía de millones de personas que, por un momento, van a ser una sola cosa.

¿Quién nos mira desde el cielo? Quizás la pregunta más importante es qué queremos que vea.

📺 Mirá el short acá: 


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