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Los infinitos

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Algún tiempo atrás, pensé en escribirle que nunca sorteé las trampas del amor, pero hoy, como estamos solos, si es que podemos, claro, aceptar la idea de que es posible estar solos y no ser apenas un ingrediente más de esta sopa misteriosa en la que nos movemos y tenemos nuestro ser, voy a intentar tocar una fibra muy íntima de tu corazón que puedo sentir se acelera al contemplar la posibilidad de explorar sin previo aviso esta aparente condición tan singular. Si bien soy un ferviente defensor de cualquier cosa que pueda considerarse juego previo, del mismo modo en que defiendo entregarse a la pasión de manera salvaje, pero siempre con un espíritu puro y aventurero, voy a descubrirla con un sólo movimiento, sin tácticas ni estrategias, sin trucos ni elegantes figuras de estilo, sin más herramientas que la mano, la lengua o el sutil pensamiento, que tendrá así la oportunidad de demostrar que no es ni tan sutil ni tan endeble como algunos creen. Después te voy a arrancar la bombacha con ...

El Protector - Cuidando de las palomas como quien dirige una galaxia

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El Coreógrafo del Silencio estaba sentado, pero quieto como esos artistas callejeros que se disfrazan de estatua. Por un momento, pensé que había alcanzado el paranirvana, o que estaba muerto. Algunas palomas se peleaban por las migas de un sandwich que tenía en la mano derecha. Eso fué lo que me hizo pensar que tal vez estaba muerto. En otras ocasiones lo había visto alimentar palomas, pero siempre como si fuera un semidios, nunca con esa pasividad espeluznante. Había una que incluso se había parado en su cabeza, funcionando tal vez como centinela para el festín de sus compañeras. Me acerqué y las espanté con las manos. En ese momento no estaba preparado para respetar el derecho a la vida y la libertad de las palomas. Me preocupaba más que mi amigo estuviera muerto.  Lo sacudí. Abrió un ojo como quien abre una lata de sardinas. Después abrió el otro, y no dijo nada. Hubiera pensado que estaba enojado por la interrupción si no fuera porque su mirada se parecía más a...

Kiosko, ese maldito kinesiólogo japonés

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Reconectando una vez más con el espíritu libertario que me llevó por primera vez a ordenar palabras y párrafos, y habiendo comprendido, después de tanta prueba y error, que para mi el momento justo para enfrentar el teclado no existe, y estando casi convencido de que lo que uno quiere, cuando lo consigue, nunca es lo que uno quiere, aunque se parezca o sea casi igual, porque uno ya no es el mismo, y las cosas nunca son iguales en la práctica que en la teoría, me lanzo a la aventura literaria como quien sale a pasear con su perro o decide ir al kiosko a comprar una golosina. Kiosko, samurai maldito, kinesiólogo inexistente, revela tu rostro verdadero y dime dónde te ocultas, para que así pueda evitar todos los caminos que llevan a tu guarida ornamentada de flores de plástico y lugares comunes. No me sorprende que justo en el momento en el que empecé a teclear se haya cortado la luz y me haya quedado sin Internet. Entiendo que es algo kármico. En los momentos más importantes me suele pas...

Te presento a mi señora - Un amor virtual muy real

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Me encontré con Luis en la calle Florida. Hacía años que no nos veíamos. Nos reconocimos de casualidad. El tiempo pasa y cada día se hace más difícil reconocer a un ex compañero de colegio en una peatonal superpoblada. Después de un intercambio prudente de risas y saludos, decidimos ir a tomar un café. Si bien nuestro repertorio de temas de actualización era variado, no tardamos mucho en preguntarnos por nuestras vidas románticas y sexuales. Yo le conté mis aventuras, él me contó las suyas. Hasta ahí, todo normal. De repente, con un gesto que demostró que estaba dispuesto a revitalizar nuestra olvidada confianza histórica, sacó su billetera y dijo que tenía que contarme algo muy importante. —Ale, para mí vos sos como un hermano. Hace mucho que no nos vemos, pero yo sé que vos me vas a entender. Esto no se le conté a nadie... Vos viste cómo son las cosas, te gusta una chica, te enamorás, estás en el cielo, empiezan los problemas, no aguantás más, te separás y quedás a la...

El mandato biológico y el auge del cine porno

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A ningún animal se le ocurriría tomarse un año sabático, meditar o construir un telescopio. Cada uno se limita a hacer lo que le corresponde a su propia especie, ni más ni menos.  Y lo que la naturaleza espera de los animales es esto: que se muevan para buscar su comida —ocupando así el lugar que les corresponda en la espantosa cadena alimenticia, un día como predadores, otro como presas — , y que se reproduzcan. Nuestra especie, al menos al comienzo, compartía estos mismos mandatos biológicos. Después, el desarrollo de la consciencia trajo todo tipo de nuevas posibilidades y refinamientos. Un humano, por ejemplo, sí puede plantearse conocer la Antártida, volar en globo, hacer un curso de origami, consumir plantas psicotrópicas, ser el presidente de un país, o cualquier otra cosa que se le ocurra. De todas formas, más o menos escondido detrás de su eventual refinamiento cultural, está ese animal que intuye que tiene que moverse para conseguir su alimento y que siente una imperiosa ...

En busca del abrazo perfecto - Errar es humano

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Era una de esas noches de otoño que anticipan un invierno crudo. El Poeta sin Obra, enfundado en un sobretodo antiguo, se desplazaba entre la niebla como lo haría el holograma de un transatlántico inexistente. La barba le había crecido así como los yuyos en los terrenos baldíos. Cualquiera que lo conociera se daría cuenta de que estaba con un pié en el más allá y el otro un poco más lejos. En su glándula pineal se formaba una y otra vez la imagen de un diminuto canario invisible que  — habiendo sido privado de la libertad por un epistemólogo coreano —  hubiera decidido llamarse a silencio, y sólo cantar telepáticamente para su compañera imaginaria cuando el vendaval del instinto, o alguna otra súbita ráfaga de alegría inexplicable, lo obligara a hacerlo. Para no extendernos demasiado tratando de describir aquello que escapa a toda descripción, diremos que estaba más cerca de alcanzar la conciencia cósmica que de preocuparse por la cotización del dólar.  Ib...

Amor propio

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Cuando Pía Barone  — la talentosa escultora argentina que de un día para otro se fué a vivir a Brasil con una surfista que apenas conocía —  se dio cuenta de que del mismo modo en que ella podía crear universos fantásticos, alguien podría estar creándola, se asustó. Fue hasta el supermercado y compró una botella de cachaça . Como no tenía costumbre de beber, el primer trago hizo que su conciencia se abriera como una rosa mecánica. El segundo la hizo olvidar de su miedo, y el tercero la llevó en piloto automático hasta su atelier. Con un mínimo movimiento de la voluntad, se entregó a la fuerza que suponía podía estar animándola. En pocas horas consiguió que la arcilla tomara la forma exacta en que ella se percibía a si misma. Algunos toques sutiles de sus habituales herramientas de trabajo —convertidas en ese momento en instrumentos de un poder superior que la guiaba con precisión matemática—, hicieron que su estatua la mirara del mismo modo en que ella la miraba....