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El deshipnotizador

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—Presta atención. Estas palabras magnéticas pueden ayudarte a despertar tu potencial oculto. En el sutil orden que las agrupa existe un poder capaz de transformar tu tristeza en alegría, tu escasez en abundancia, tu soledad en compañía —decía el deshipnotizador, cuando su víctima menos lo esperaba. Con el entusiasmo de un adolescente, Flux se dedicaba a desplegar su arte allí en donde tuviera la oportunidad de hacerlo. Trabajaba como cartero y aprovechaba el gran roce social que le brindaba su profesión para desplegar su verdadero arte, la deshipnotización. Lo hacía de manera encubierta, pero no por ello menos efectiva. Cada vez que le entregaba una carta a un hombre, lo miraba a los ojos y le decía: «Escuche cómo cantan los pájaros, piense que en este momento dos modelos de ropa interior se bañan juntas, se besan, alguien lo ama, usted puede hacer de este un mundo mejor, despierte, escuche el sonido de mi voz, escuche el sonido de la suya, elija sus pensamientos con cuidado,...

Vocación

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M e siento incómodo                  dese quilibrado . Megus taríap ens ar quesetrata de otracosa peron o                        setrata desto estoy perdido séquestasahí — lo siento en las vísceras —  pero también sé que no vamos a encontrarnos aunque nos fusionemos y nuestros electrones se olviden de si mismos                                                                            atalpunto queyani sepan a qué cuerpo pertenecen                                  lonuestro vaserimposible porque ya nos habíamos perdido de antes               mucho antes ...

Remeras 3D

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La evolución natural de las remeras 3D es una prenda que sea el cuerpo, la mente y el espíritu, de alguien digno de ser convertido en modelo de moda transpersonal. En vez de ponernos una remera con el símbolo de Om, la cara de un mono, o los colores de nuestro equipo favorito, nos ponemos la remera y nos convertimos en Buda, King Kong o Messi. Todavía no puedo dar más detalles de este atuendo psíquico que nos permitirá cambiar de cuerpo y recuerdos con la misma facilidad con la que hoy cambiamos de ropa. Algunos dirán que al ponernos una de estas prendas fantásticas, perderemos nuestra individualidad y ya no sabremos si somos nosotros o si estamos disfrazados de alguien más. A esos, les responderemos así: «si por ponernos una remera electrónica ya no sabemos más quiénes somos, lo más probable es que ya no lo supiéramos de antes». Decía que no puedo dar más detalles de la configuración energética de este tipo de indumentaria porque en la Tierra todavía no se desarrolló la te...

5 minutos de fama

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Sos famoso. El público te ama. Los fotógrafos y los papanatas te persiguen por todas partes. Sin embargo, sentís que hay algo que no está bien. Te das cuenta de que sos el payaso de una sociedad enferma. Querés cazar Pokemones en paz, tomar un helado sin que te pregunten qué opinas de la nueva película de Natalia Oreiro. Tu teléfono suena sin parar. Te llaman tus amigos, tus fans, empresarios, ex parejas, periodistas. Empezás a cansarte, a alcoholizarte y drogarte todo el día. Convertido en una masa de protoplasma que en sus mejores momentos se comporta como un idiota en Carnaval, tu fama crece. —La excentricidad es un signo de genialidad. Está en su mejor momento —afirma un conocido crítico de arte. Pensás en suicidarte, o en escaparte a un país en donde no te conozcan. Es imposible. Sos más famoso que el sol. No tenés un minuto libre, tu vida privada no existe, estás al servicio de la humanidad. A nadie le importa lo que te pasa. Sos un muñeco de torta. En cuanto ...

Preservativos

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Odio los condones. Sobre todo cuando son usados durante las relaciones sexuales. Si se los emplea como elementos decorativos, o se los infla con helio para fines recreativos, no tengo problema. Pero cuando la gente finge que es posible alcanzar algún tipo de intimidad a través de una capa de látex, me indigno. Dejando de lado lo poco natural que es que una persona ande por la vida con un condón en el bolsillo, para estar prevenido en caso de que tenga la suerte de tener un encuentro corporal, la total falta de glamour que supone su colocación, por más sutileza o sentido del humor que se tenga al realizarla, hace que el ser primitivo que habita en mi interior se subleve con todas sus fuerzas. Si el precio de la verdad es la monogamia o la muerte, las personas sensibles tendremos que pagarlo sin protestar. Acabemos con esta farsa. Si tenemos miedo a las enfermedades de transmisión sexual, practiquemos el celibato o la masturbación, pero no caigamos en la trampa de usar...

Los vietnamitas - Costumbres amatorias orientales

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Una familia de vietnamitas se instaló en mi mente. No pidieron permiso. O tal vez sí, pero yo no me di cuenta porque no hablo ni una palabra de vietnamés, o como sea que se llame su idioma. El asunto es que estaban ahí, cantando, comiendo arroz, con sus sombreros cónicos, sus alegrías, penas y esperanzas. No me daban motivos para quejarme. Eran una familia adorable. Respetuosos, colaboradores. Una tarde, la abuela le pasó la escoba a un grupo de neuronas que hacía mucho que yo no usaba. El padre restableció conexiones que mi cerebro, ya sea por desgaste o falta de uso, había perdido. La madre cocinaba, no sólo para los miembros de su familia, sino también para mí, su locatario. Con gran conciencia social y ecológica, comprendía que es fundamental cuidar el lugar en el que uno habita. Los niños, vietnamitas, pero con ese exceso de energía que caracteriza a los niños de cualquier nacionalidad, de vez en cuando provocaban algún problema. Jugando a las escondidas, o pract...

Chaleco de abrazos

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—Yo tengo tantos contactos que no los puedo contar, y una novia muy hermosa que se llama soledad —cantan Los Chalecos Kin. Son una banda de punk folklórico que interpreta los éxitos de Atahualpa Yupanqui, adaptando las letras para acercarlas más a la juventud actual. Su arte es muy dañino, pero sus estrategias de marketing son aún peores. Entre las aberraciones que inventaron para aumentar el dolor que produce la soledad, el chaleco que simula abrazos es una de las más perversas. El solitario se lo pone, lo activa, y siente un par de manos en la espalda. Lo abrazarán con mayor o menor intensidad, de acuerdo a como lo regule. —No sé que pasó —le dijo un usuario arrepentido a su traumatólogo. La verdad es que me sentía muy solo. Compré el chaleco de los abrazos y de a poco me fui acostumbrando. Usted va a pensar que estoy loco, pero quise que me abrace fuerte. Sin darme cuenta, lo puse al máximo. Ahora tengo un dolor acá.