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Papiroflexia

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Alberto González Iturbe, un epistemólogo peruano desempleado, cansado de luchar contra la pobreza y sus penurias, se decidió a cambiar. Habiendo aprendido en la infancia los rudimentos del arte de la papiroflexia, o, en las palabras de su padre , « ¿Por qué no dejas de perder el tiempo y haces algo útil? », puso manos a la obra y se comprometió a convertirse en un referente mundial de la especialidad en cuanto pudiera conseguir una tijera y un diario antiguo para empezar a trabajar.  Ese compromiso, auténtico y total, fue el primer paso de un camino que lo llevó al éxito y la fama, aunque también fue la puerta de entrada a todos los vicios y excesos que caracterizaron su vida posterior. Después de haber sufrido tanto, no es fácil para nadie hacer equilibrio en el centro justo de esas virtudes que tanto se alaban, pero tan poco se practican. El dinero y el poder llevaron a Alberto a lugares que ni él mismo había soñado que pudieran existir. «De todo y mucho», era su lema...

Así en la Tierra como en el cielo

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Si Dios existe y es todo amor, los problemas tienen que surgir de sus limitaciones técnicas o de su incapacidad para administrar con eficiencia un espacio infinito. Es evidente que algo raro pasa. A cualquiera le cuesta creer que un universo tan maravilloso como este en el que vivimos se haya creado de manera espontánea, sin embargo, hasta el más entusiasta de los mortales se ve inclinado a creer que las inundaciones, el frío y el hambre no pueden ser otra cosa que un subproducto indeseado del acto creativo de alguien que todavía no domina el arte. ¿ A qué ser amoroso se le pueden ocurrir las caries y los hongos en las uñas de los pies? Una raza capaz de construir aviones y tostadoras no puede ser fruto de la casualidad. De algún lugar salió toda esta ensalada. Nos gusta pensar que existimos y que nos damos cuenta de que existimos. Yo estoy aquí, tecleando unas palabras. Si vos las estás leyendo, las estás leyendo. Eso no se discute. Si no partimos de esa base, no...

El Moisés de Evaristo Gómez Lacerda

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Cuenta la leyenda que cuando le preguntaron a Miguel Ángel cómo había hecho para darle vida a su escultura más famosa, respondió: «quité todo lo que no era Moisés». Inspirándose en la frase del gran arquitecto, escultor y pintor renacentista, Evaristo Gómez Lacerda, un humilde trabajador gastronómico argentino, decidió homenajear al General Juan Domingo Perón. Evaristo vivía en el campo, solo. Su esposa lo había abandonado por un motociclista aventurero. Tenía la esperanza de producir una obra de arte de tal magnitud que le permitiera tanto mostrar su admiración por el General como recuperar su dignidad perdida. A menos de tres kilómetros de su casa, había una piedra de unos dos metros de alto por uno de diámetro. «Perfecta», pensó. «No será mármol, pero va a dar que hablar. Le voy a poner todo mi corazón». Ese fue su primer error, elegir el material basándose más en la emoción que en el conocimiento técnico acumulado a través de los siglos. Como trabajaba doble turno...

Iluminación

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Existes. Estás iluminado. No existes. Eres luz. Tu mente es una piscina llena de tiburones, o un cielo sin nubes. ¿Qué más da?  Lo importante es que eres libre. Saltas al abismo. Es un caluroso día de verano. No precisas abanicarte.  La fuerza de la gravedad se encarga de todo. Te desplazas a una velocidad que hace que el aire tome la apariencia -al menos para ti- de un viento huracanado. Te preparas para zambullirte en la tierra.  ( No necesitas prepararte mucho, es inevitable.) Haces contacto.  La atraviesas. Apareces en China. Te recibe un gran maestro. Sabiendo que venías, preparó un banquete. Ostras, calamares y pulpos, nadan apaciblemente en el mar. Se trata de un banquete vegetariano. Para Daniel Rico, Guardián de la Nada.

Yo era todo

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El Coreógrafo del Silencio degustaba un whisky escocés en el Bar La Paz. En la mano izquierda sostenía su libro de cabecera. Encuadernado en tapas duras, bañadas en oro, ese transmisor de sabiduría contenía 99 páginas en blanco. Algunas de ellas, debido al desgaste natural que produce el uso, se habían manchado un poco y hacían que El Poeta sin Obra cerrara sus ojos y se riera como un niño. Con la mano derecha, alternadamente, daba vuelta las páginas y tomaba el vaso para llevárselo a la boca. De vez en cuando, apoyaba el libro en la mesa y miraba alrededor como buscando la complicidad de alguien que pudiera sentir lo mismo que él sentía al repasar, una y otra vez, esas páginas que a sus ojos se presentaban llenas de libertad y posibilidades. Eran las 22:22 hs. de un típico jueves otoñal porteño. La fecha me la reservo para que los futuros viajeros del tiempo no caigan en la tentación de ir hasta ese momento preciso para ver si lo que voy a contar ocurrió en el plano ma...

La caída de un ídolo

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El Teniente Batalla puso su ego en remojo con la esperanza de que se disolviera para poder así disfrutar de algunos instantes de paz antes de tener que abandonar su cuerpo. Había consagrado su vida entera a todo tipo de combates, ya fueran estos físicos, mentales o espirituales. A pesar de haber obtenido incontables victorias, sentía en su interior una espantosa mezcla de aburrimiento y frustración. —Siempre hice lo que tenía que hacer, siempre cumplí con mi deber. Lo que es más, me atrevo a pensar que fui hasta creativo. Cuando no había ni dónde ni por qué pelear, generé conflictos estupendos, como si fuera un mago que hace aparecer un conejo de una galera inexistente. No entiendo por qué me siento tan vacío —dijo en una de la últimas conferencias de prensa en las que participó, cuando todavía conservaba algo de entusiasmo pero la otrora firme estructura de su personalidad empezaba ya a desmoronarse. Poco tiempo después, fue imprescindible recurrir a la ayuda de profesionale...

Oración

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Señor, por favor, tráeme dos modelos suecas, jóvenes, lindas y millonarias, que me amen tal cual soy, que adoren mantenerme y se rían cada vez que diga algo que se parezca con un chiste. Yo sé que algún tiempo atrás fuimos enseñados a orar diciendo "que se haga Tu voluntad y no la mía", pero tal vez las cosas cambiaron, así que si es posible también me gustaría tener una salud y una vitalidad extraordinarias. Por mi parte, para colaborar, me levanto temprano, estoy haciendo gimnasia y me hice vegetariano. También estoy leyendo todos los días, estudiando, así que tomando en cuenta que creaste el universo y lo mantienes en movimiento con una precisión que nos deja a todos admirados, imagino que darme un poco de sabiduría e intuición para saber cuáles son los mejores caminos a tomar te será muy sencillo. Por favor, incluye eso en la lista. Encontrarme una vocación no va a ser necesario. La vida me gusta así. Para mi, tu trabajo es perfecto, lo único que podría mejorar ...